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La calidad de la educación: un debate necesario
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La cultura del esfuerzo como principio de calidad de la educación


PUNTO DE VISTA Y OPINIONES

La cultura del esfuerzo como principio de calidad de la educación


Uno de los ejes fundamentales sobre los que se hace girar, en el nuevo proyecto de ley, la mejora de la calidad del Sistema Educativo es la promoción de la llamada cultura del esfuerzo como garantía de progreso personal.

Sobre este tema -que va a convertirse, sin duda, en uno de los más polémicos y discutidos- incidiremos, directamente, en el próximo número de Documentos para el Debate.

No obstante, reproducimos, a continuación, cuatro puntos de vista u opiniones sobre la llamada cultura del esfuerzo en el marco de la Ley de Calidad; puntos de vista u opiniones que se han publicado recientemente en la prensa, y que nos introducen en las claves sobre las que va a establecerse el debate y la discusión en torno a este tema.



El Proyecto de Ley de Calidad se propone mejorar el rendimiento de los alumnos y el rendimiento del Sistema Educativo, en su conjunto, desarrollando una amplia serie de actuaciones que, en lo esencial, se articulan en torno a cinco ejes. El primero de ellos, es la revalorización del esfuerzo y de la exigencia personal, mediante la eliminación de la llamada "promoción automática" de un curso al siguiente y el establecimiento de la Prueba General de Bachillerato. Como es evidente, ello exige que las nuevas generaciones se "socialicen" en algo por lo demás tan básico como la conciencia de que es necesario esforzarse para aprender. Por eso resulta necesario revisar el paso de un curso a otro, y porque lo propio de los seres humanos no es simplemente "saber"; es, sobre todo, "saber que se sabe y saber lo que se sabe". [...]
PILAR DEL CASTILLO. MINISTRA DE EDUCACIÓN, CULTURA Y DEPORTE.
EL PAÍS, 16/9/2002.


La nueva ley de Calidad se ha justificado por algo que afirmado sin más suena bien: "hay que volver a la cultura del esfuerzo ". Cabe señalar que el principio se refiere al esfuerzo de cada alumno -curiosamente, no se dice nada del esfuerzo económico que debería hacer el Gobierno en los presupuestos educativos- y, consecuentemente, la ley intenta introducir una mayor competitividad individual en el Sistema Educativo. Pues bien, en relación con esa ideología del esfuerzo quiero apuntar dos consideraciones. En primer lugar, y mi experiencia en este campo es extensa, la idea de la necesidad del esfuerzo nunca ha desaparecido del horizonte educativo. En cambio, la retórica del esfuerzo no ha funcionado como motor a la hora de conseguir mejores resultados. El problema desde mi punto de vista, es justo el contrario del Gobierno: en el mundo escolar se ha valorado en demasía el esfuerzo, hasta el punto de llegar a sustituir la importancia de los resultados que debía conseguir. A menudo se han disculpado los malos resultados en los conocimientos adquiridos con el argumento de que, de todas maneras "el chico ya hacía un gran esfuerzo", y que eso era lo importante. La retórica gubernamental, en este punto, no sólo no aporta nada nuevo, sino aumenta la confusión al elogiar el esfuerzo al margen de las expectativas subjetivas y de las posibilidades objetivas de cada individuo para obtener resultados tangibles. En segundo lugar, la retórica del esfuerzo oculta un fallo educativo de fondo mucho más importante, que es el de la formación individual. Pero esta no puede abordarse con una ley de Calidad. Forjar una voluntad y un carácter individual fuertes tiene que ver con una cultura escolar que supere la trampa de la motivación como estímulo educativo, con una familia que pueda asumir sus obligaciones y, en general, con los contenidos morales de la cultura infantil y juvenil en la que nuestros hijos e hijas están inmersos. Y eso poco tiene que ver con la competitividad escolar. Al contrario: el esfuerzo, valorado al margen de la voluntad y de sus resultados, se convierte en algo distinto de lo que parece: se reduce a un elogio de la sumisión pasiva, modelo pensado para educar a mulos dispuestos a tirar del carro sin preguntar por la carga que llevan. [...]
SALVADOR CARDÚS I ROS.
LA VANGUARDIA DIGITAL, 15/5/2002.


El anteproyecto de Ley Orgánica de Calidad de la Educación permite concluir, tras un examen detenido del mismo, que no parte de un diagnóstico serio de los problemas actuales de la enseñanza, y, por ello, que no se trata de una ley que pretenda articular una mejora de la calidad de enseñanza. [...]
Constituye, por ejemplo, una simplificación extrema partir de la base, como se refleja en el anteproyecto, de que la escuela actual es la causante de una situación catastrófica de la educación en nuestro país, como, por otro lado, reiteradamente se manifiesta por parte del Gobierno, y que los problemas del fracaso escolar se reducen a que los alumnos no se esfuerzan porque no se les exige repetir curso. El Informe Pisa 2000, por ejemplo, pone de manifiesto que los cinco países cuyos alumnos han demostrado un mejor rendimiento no contemplan las repeticiones de curso en sus Sistemas Educativos, sino medidas de atención a la diversidad bien articuladas que tienen en cuenta los intereses de los alumnos, su ritmo de aprendizaje y sus capacidades.
JESÚS RAMÓN COPA. SECRETARIO GENERAL FETE-UGT.
ESCUELA ESPAÑOLA, 16/11/2001.


El proceso de tramitación -de la Ley- sigue su curso de manera acelerada e inexorable. Si algo hay que lamentar en este proceso, es la excesiva politización del debate, con todo lo que conlleva de toma de posturas partidistas e inamovibles, de falta de interés por plantear el diálogo más en el terreno pedagógico que en el terreno político y de imposibilidad de llegar a un auténtico consenso educativo. [...]
Habría que matizar los mensajes de la Ley. Por ejemplo, en la cultura del esfuerzo. Es evidente que sin esfuerzo no se llega a ninguna parte, pero debe basarse en el estímulo y no en la imposición o en el temor a un examen. [...]
Otro elemento peligroso es plante la enseñanza desde un punto de vista excesivamente competitivo porque situar a gente tan joven en un punto de partida agresivo es nocivo.
MANUEL DE CASTRO, SECRETARIO GENERAL DE FERE.
DIARIO ABC, 15/6/2002.






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