Hasta aquí hemos reflejado todas aquellas referencias que, dentro de la Ley de Calidad, aluden a la educación en valores y para la convivencia en el marco escolar. Frente a todas ellas se nos plantean unas dudas y unos interrogantes que en la Ley no quedan claros, y que suponemos que se irán aclarando en posteriores niveles de concreción o de desarrollo legal.
Esas dudas e interrogantes podríamos agruparlos en dos categorías: respecto a la educación en valores, en general; y respecto a la cultura del esfuerzo, en particular.
| Interrogantes respecto a la educación en valores |
El marco teórico, o la declaración de intenciones, que la Ley de Calidad formula sobre la educación en los valores y para la convivencia, es globalmente positivo y aceptable, pero, ¿cómo se articulará en la práctica para que pueda llegar a ser realmente efectivo?, ¿desaparecerá el concepto de transversalidad tal y como lo venimos entendiendo hasta ahora? (En la Ley ese concepto ni se nombra, ni aparece, expresamente mencionada, ninguna otra alternativa.)
En la nueva ley se sigue sin contemplar un espacio concreto y determinado para la expresión, la interiorización y el conocimiento de los contenidos morales básicos sobre los que debe sustentarse la convivencia democrática: derechos humanos, exigencias democráticas, deberes y normas para la convivencia, conceptualización de valores, etc. ¿Cómo, cuándo y dónde adquirirá el alumno esa base conceptual que resulta cada vez más imprescindible?
Es evidente, como se formula en el Artículo 56, que el profesor, o la profesora, asume la función y la responsabilidad de la educación moral y para la convivencia. ¿De qué espacios y de qué medios podrá disponer el profesorado para desarrollar esa función de forma permanente, eficaz y responsable?
| Interrogantes respecto a la cultura del esfuerzo |
Es evidente que sin esfuerzo no hay aprendizaje, pero, ¿cómo se educa en el esfuerzo?, ¿de qué depende realmente el desarrollo del esfuerzo personal?, ¿depende de la imposición o del temor a un examen o a tener que repetir curso —como se está afirmando— o, por el contrario, ha de basarse en el estímulo y en la formación de actitudes y comportamientos básicos como la motivación, la voluntad o la responsabilidad?
¿Se puede hablar de cultura del esfuerzo ignorando las expectativas subjetivas o las posibilidades o capacidades objetivas de cada individuo para obtener resultados tangibles?
¿Se puede hablar de educación en el esfuerzo, dentro del marco escolar, teniendo en cuenta el contexto cultural en el que se desenvuelve la vida cotidiana de los alumnos: cultura del «todo vale», del «éxito fácil e inmediato», de la permisividad, de la crisis de la esperanza, etc.?
¿El esfuerzo debe relacionarse con la competitividad escolar?, ¿no es profundamente peligroso establecer esa relación?
Como decíamos con anterioridad, esperamos que estas cuestiones sean abordadas y aclaradas
en la medida en que la Ley de Calidad se vaya desarrollando por parte del Ministerio de Educación; en cualquier caso se trata de cuestiones que nos plantean importantes temas para el debate que en posteriores «Documentos» iremos plan-
teando. 
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