Uno de los temas o los asuntos públicos en los que, en general, resulta más necesario e imprescindible el diálogo y el pacto social es, sin lugar a duda, el relacionado con la educación, y, en particular, el relacionado con una reforma del Sistema Educativo como a la que en la actualidad nos enfrentamos. Reforma en la que se plantea como objetivo prioritario la mejora de la calidad de la educación, o lo que es lo mismo, la mejora de unos procesos de enseñanza y aprendizaje que faciliten y permitan a las nuevas, y a las futuras, generaciones un mejor desarrollo de su personalidad y de sus capacidades más profundamente humanas.
Un diálogo y un pacto social —en este caso «pacto educativo»— que debe establecerse de forma abierta y sin precipitaciones; que provoque realmente un encuentro eficaz y constructivo de todos los agentes que, de una u otra forma, intervienen en la, nada fácil, tarea de educar; que garantice el consenso y la estabilidad de los principios y las propuestas que reformar; y que, desde ahí desencadene, sobre todo, la confianza, el interés e, incluso, el entusiasmo de quienes, a fin de cuentas, serán los protagonistas indiscutibles de la reforma, es decir, de los centros educativos y de los profesores y profesoras.
En este momento, frente a la Ley Orgánica de Calidad de la Educación —ya aprobada—, y frente a los recientes proyectos de reales decretos sobre su calendario de implantación de la reforma y sobre su desarrollo, consideramos necesario y urgente que se intensifique en todo el territorio nacional —y a todos los niveles— ese diálogo positivo y eficaz para un auténtico «pacto educativo».
En nuestro caso —con y desde esta publicación— deseamos contribuir a ese diálogo en el ámbito concreto de las comunidades educativas; un diálogo que ha de partir del interés, incuestionable, que todos compartimos por la mejora de la calidad de la educación; que ha de desarrollarse desde el conocimiento y el análisis —por supuesto críticamente constructivo— de las nuevas propuestas formuladas por la Administración; y que, en ningún caso, debe plantearse al margen de la cuestión esencial —que en ningún caso debe olvidarse o relegarse a un segundo término—: la mejora de la calidad humana de los alumnos y de las alumnas.
Ese es el objetivo principal que nos planteamos en este segundo número de Documentos para un debate sobre la Ley de Calidad de la Educación: seguir ofreciendo a los centros escolares y al profesorado una información, para que, a partir de ella, se facilite el conocimiento, la reflexión, el encuentro, el diálogo, y, ojalá, que el entusiasmo profesional, para mejorar —entre todos y con el esfuerzo de todos— el gran reto y la apasionante tarea humanizadora que diariamente compartimos los educadores y las educadoras en la aulas. 
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