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Premios Edelvives: ¡Lectores al treeeeeeeen!

9 junio 2017

El 8 de junio se celebró la entrega de los Premios de Literatura Infantil y Juvenil Edelvives 2017. Sin embargo, al llegar nadie sospechó que el viaje ya había comenzado.

Junio por la noche, estación de Chamartín. A las 19.30 se oye la última llamada. Todos están a bordo del tren «Entre líneas»: escritores e ilustradores, autores de libros de texto, distribuidores y libreros, especialistas y mediadores. No falta nadie. ¿O sí?

Una pasajera inesperada asoma en el escenario: es Anabel Alonso, quien desarrolla un divertido monólogo sobre el estrecho —y nunca justamente reconocido— vínculo entre la literatura y el mundo ferroviario. Una buena vía para dar comienzo a la Entrega 2017 de los Premios Ala Delta, Alandar y el Premio Internacional Álbum Ilustrado. Un evento en el que actuará como presentadora y cuya misión será, estación a estación, dar a conocer a los autores mientras se suceden los brillantes monólogos que Luis Piedrahita, Iñaki Urrutia y Diego Arjona prepararon para la ocasión. 

La noche del 9 de junio, todos viajamos. Algunos trayectos nos llevaron al humor y a la fantasía, otros a estaciones inesperadas, donde nos esperaban los autores de las obras premiadas. Oriol Canosa, recibió el XXVIII Premio Ala Delta por El islote de los perros, una novela situada en Estambul en 1910. En ella Klara y Sait, descubren con espanto el secreto del sultán: una isla donde abandona a su suerte a cincuenta mil perros, un hecho que los llevará a intervenir y a iniciar la mayor aventura de su vida. Daniel Hernández Chambers obtuvo el XVII Premio Alandar por Miralejos, una inquietante novela entretejida con diferentes géneros, siempre dispuesta a sorprender durante la lectura. En la trama se une la historia de un naufragio, de una maldición y de viejos secretos. Por último, Marino Amodio y Vicenzo del Vecchio recibieron el Premio Internacional Álbum ilustrado por Terráneo, una obra con la huella de Ítalo Calvino, que recrea la cultura y el espíritu del Mediterráneo desde una mirada fantástica.

El fin del viaje acabó con una celebración donde los invitados pudieron dialogar con los premiados y también encontrarse con viejos amigos del sector. Una noche que prometió nuevos recorridos por diversos paisajes, porque como bien escribió Jack Kerouac, «la vida es un país extranjero» al que la lectura  -añadimos nosotros-  siempre nos invita a viajar.