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Anya, un bello álbum en la nieve

26 enero 2018

Juntos de nuevo, Fred Bernard y François Roca nos adentran con paso suave pero firme, cubriéndonos con la nieve, en una historia de niños y animales, reyes malos, brujas temibles y heroínas justas y valientes.

Niños desaparecidos sin dejar rastro en un país cubierto eternamente por la nieve. Este es el impactante comienzo de Anya y Tigre Blanco. En un mundo de perfecta armonía entre hombres, mujeres y animales gobierna un rey cruel e injusto. De repente, algo empieza a llevárselos, primero a los bebés y luego a los más mayores hasta hacer desaparecer toda una generación. La estrella de nuestra historia es la bella Anya que vivía acompañada de Tigre Blanco, su fiel guardián y compañero.

Bernard, el escritor, y Roca, el ilustrador, se conocieron cuando ambos estudiaban en Lyon. De allí surgió una amistad que les llevó a colaborar en múltiples trabajos que les han valido varios premios. Bernard se dio a conocer en 2003 cuando publicó en solitario La ternura de los cocodrilos, el cómic con las apasionantes aventuras de Jeanne Picquigny que fascinaron a sus seguidores.

La obra de Anya sigue las pautas del cuento fantástico tradicional. El tiempo, «no el que hace, sino el que pasa», nos narra, en primera persona, una conmovedora historia creada con lenguaje claro y conciso que consigue que el frío nos invada desde la primera línea. Hay muchas reminiscencias de la mitología nórdica, donde la nieve es el símbolo del origen de la vida, el «Nifheim», la matería fría, el mundo de las tinieblas. Frente a ella está el «Muspelheim», la materia caliente, hogar de los gigantes del fuego. Pero cuando el hielo se derrite, llena los ríos y nutre la tierra nace un nuevo mundo que la protagonista tendrá que gobernar. Anya es nuestra particular valquiria, una de esas hermosas y fuertes guerreras que servían a Odín y, como tal, aparece coronada en la última imagen.

Roca, que ha ilustrado más de veinte libros, utiliza en esta historia un lenguaje visual cargado de misterio con influencias del romanticismo alemán y del realismo americano. Con sus dibujos vivimos en una ensoñación blanquecina, nívea, tan solo a ratos azulada. Las figuras son siempre imponentes, con mucha presencia física y se mueven en paisajes desolados, casi metafísicos. Después, todo se torna dramáticamente negro. Es el mundo subterráneo habitado por escalofriantes retratos femeninos.

Pero, más allá, de narrar andanzas y periplos, el libro tiene otras lecturas. Nos habla de cómo ha cambiado la relación de los humanos con los animales, del peligro de los miedos ancestrales que crean religiones dañinas y, sobre todo, del poder de cualidades como la imaginación, la valentía o la fortaleza inherentes a la juventud.

La lectura de este bello álbum te sumerge en la leyenda llena de fantasía, pero también de realidad: una leyenda con distintas lecturas y recorridos.