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El juego en el aula para aprender a vivir

22 abril 2019

El aula deja un espacio para que entre el juego y forme parte de la educación de los niños.

Imma Marín

Presidenta de IPA en España (Internacional Play Association) 
Directora de MARINVA Juego y educación

Es evidente que la incorporación del juego en la dinámica cotidiana del aula responde a una valoración de lo lúdico como fuente de realización personal y de salud física y mental. La escuela debe proporcionar al niño experiencias positivas que afiancen su confianza, que despierten su curiosidad y favorezcan la exploración e investigación hacia la construcción de su propio pensamiento. Y, ¿qué mejor herramienta que el juego?

Proporcionar situaciones de juego, ricas y positivas, requiere una minuciosa planificación que responda a los objetivos y contenidos explicitados en el currículum. Es decir, planificar teniendo en cuenta el espacio, el tiempo y los juegos y juguetes necesarios, así como reflexionar sobre la intervención del profesor previa al juego, durante el juego y después del juego.

En primer lugar, hay que tener presente que el juego no puede ser considerado un tema o un contenido más a «dar». El juego, lo lúdico, debe estar presente a lo largo y ancho de todo el diseño curricular, como una experiencia que hay que garantizar en el quehacer cotidiano, formando parte, si podemos llamarlo así, de una metodología. Más allá de las actividades de juego que propongamos y de los juguetes que seleccionemos, el juego es una actitud, una manera determinada de abrirse a la vida, de abordarla, una manera gozosa de afrontar los aprendizajes, los retos, el día a día.
 
Inma Marín
Esta maestra, apasionada por la educación, se especializó en la educación a través del juego, los juegos, los juguetes, el diseño de espacios de juego, la implementación de metodologías lúdicas y lo que hoy llamamos ludificación.

Es directora de MARINVA, juego y educación, que desarrolla labores de consultoría pedagógica. Además, ha fundado la Asociación por el Derecho de la Infancia al juego en España (IPA). 

También, es miembro del Observatorio del juego infantil de España, asesora pedagógica de la Fundación Crecer Jugando y miembro del comité asesor del Hospital de San Juan de Dios en Barcelona.
 

Desde esta perspectiva, la intervención que debe realizar el educador se concreta, en un primer momento, en garantizar las condiciones para que el juego sea posible:

  • Espacios adecuados y estimulantes en fondo y forma, tanto abiertos como cerrados, en el aula, en el patio y en el gimnasio, en la escuela y en las colonias. Es decir, escenarios psicológicos en los que el error sea posible, donde se actúe con la seguridad de no ser criticado, juzgado o evaluado, de que de sus acciones no se deriva ningún peligro; en definitiva, en condiciones de relajación psicológica. Espacios donde el juego y la creatividad puedan crecer. Espacios innovadores, que estimulen el pensamiento divergente, la participación y la cooperación.
  • Tiempo pausado y tranquilo, de calidad, durante el que se pueda desplegar la imaginación y recogerla. No se puede jugar con prisas..., ¡los juegos se indigestan!
  • Juegos, juguetes y materiales lúdicos diversos, previamente seleccionados, atendiendo a criterios educativos sobre la edad de los jugadores, el valor y tipo de juego, etc., y en el caso de los juguetes añadiendo parámetros de seguridad y calidad. 
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La intervención del adulto en el juego ha de ser absolutamente discreta en el momento del juego y patente en su planificación. No se trata solo de «dejar jugar», sino de «crear las condiciones» que estimulen y enriquezcan el juego. Se trata, pues, de organizar los espacios, reservar el tiempo, ofrecer materiales lúdicos, y mantener durante el juego una actitud lúdica de placer y sentido del humor, sugiriendo ideas, riendo, disfrutando, aprendiendo con ellos. 


«sin emoción no hay aprendizaje»


En resumen, se trata de poner el juego en el corazón del proceso de enseñanza-aprendizaje. No se trata de hacer jugar o de utilizar el juego como recurso o herramienta educativa. Se trata de pensar y actuar con el juego como metodología y estrategia de aprendizaje, activando la motivación intrínseca de niños y niñas, su emoción, ya que tal como nos dice hoy la neurociencia: sin emoción no hay aprendizaje. No me refiero a hacer más agradable y motivador el estudio, qué también, sino a incentivar la capacidad de asombro que tiene que ver con la curiosidad, el maravillarse y el hacerse preguntas. Es decir, juego en el corazón y en la cabeza de toda la comunidad educativa.