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El poeta que ordeñaba los sueños

14 marzo 2017

El año 2017 ha sido declarado “Año Miguel Hernández” en conmemoración por el 75 aniversario de su muerte.

Llega el mes de marzo. El tiempo en el que el sol dibuja senderos más largos y duraderos. Sin embargo, la bienvenida de la primavera contrasta con una de las despedidas más tristes de la literatura española. El día 28 se cumplen 75 años de la muerte de Miguel Hernández, el pastor que luchó contra su destino para llegar a ser uno de los poetas más importantes del siglo XX. Por este motivo, se ha declarado el año 2017 como “el año Miguel Hernández”, al que rendimos homenaje con la recomendación de dos libros que nos acercan a la profundidad de su obra. 

El primero es Mala Luna, una conmovedora novela de la reconocida escritora Rosa Huertas. Una historia de misterios, secretos y amistad, escrita con un gran oficio y sensibilidad, en la que no faltan pasajes imaginados de lo que debió ser la infancia y juventud del poeta. Miguel Hernández es el alma de la trama, pero también es el autor que los lectores buscarán de forma irremediable al acabar los primeros capítulos, pues es imposible leer algunos fragmentos sin interesarse por él. Rosa Huertas nos cuenta su propia razón para elegirlo como protagonista de su novela: “Me atrajo su determinación, su lucha, su esfuerzo titánico para lograr el sueño de ser poeta. Hernández no se rindió ante la incomprensión de su padre, que no le dejaba estudiar, ni ante su destino de cabrero, ni ante las dificultades para hacerse oír como poeta, ni ante la guerra, ni ante la cárcel. Nunca renegó de sus ideales ni de sus principios, aunque le costasen la vida”. 

El segundo es El silbo del dale, una selecta antología de su poesía, contenida en una edición muy cuidada y exquisita, ilustrada por Paula Alenda. El libro se divide en tres partes, en las cuales se abordan diferentes facetas de su obra. La primera, tiene como protagonista el paisaje de su tierra así como el ambiente en el que se crió hasta su juventud, “una poesía hermética y preciosista, un grito vital en un mundo mezquino, una manera de dignificar lo vulgar y lo cotidiano”. La segunda parte está marcada por su compromiso político, “poesía militante, donde consigue unir lo individual y lo colectivo, pero también, conmovedora, que sufre con el dolor más humano y se solidariza con las injusticias sociales”; mientras que la tercera, recoge su poesía más madura y reflexiva “poemas breves de aparente sencillez y espontaneidad que encierran una voz esperanzada y de profunda sabiduría”.  

Mala luna y El silbo del dale representan dos sugerentes caminos para acercarse a la persona y a la obra Miguel Hernández. Al hombre que venció a la muerte a través de sus versos y, aún, nos hace estremecer con sus palabras. “Un buen poeta te hace sentir que sus versos están escritos para ti, y Hernández lo logra siempre”, dice Rosa Huertas. Tal vez por eso no podemos rehuir a la voz que nos interpela y nos reclama desde su propia poesía: “asómate a mi alma. No te asomes al cementerio, que no hay nada entre esos huesos”.