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El último lobo: un grito de paz

28 mayo 2020

En el silencio de un frío gélido se oye el aterrador aullido de un lobo. Así comienza la aventura de Milo, el niño protagonista de «El último lobo», un nuevo título de Edelvives ilustrado por Justien Brax.

El texto de El último lobo se lo debemos a Sébastien Perez. Es una sencilla historia dedicada a su madre y a todas las «mamás lobas» que, como ella, son fuertes y valientes. Milo, de grandes ojos azules como dos copos de nieve, era el mejor entre los aprendices de arquero de su aldea. Cuando un último lobo vuelve a aterrorizar a los vecinos, Milo decide emprender una búsqueda que ya intentaron su padre y su hermano mayor y que les costó la vida. Envuelto en un abrigo de piel, que no logra evitar el frío en sus mejillas y en sus orejas, se marcha por caminos desconocidos sin querer volver la mirada hacia atrás. Pronto descubrirá unas huellas anchas y profundas que solo podrían ser de un animal grande y pesado, ¿crees que será nuestro lobo?

La historia transcurre entre paisajes invernales cuajados de imponentes árboles y desolados campos helados salpicados de pequeñas casitas con aire ingenuo. Estas potentes ilustraciones son obra de la diseñadora Justine Brax. Ella y Perez se conocen desde su época de estudiantes y les une una amistad que ha dado como fruto tres álbumes ilustrados publicados en esta editorial: Hijo de dragones, El corazón del pirata y ahora este. El libro está ideado como un universo en dos colores: blanco y rojo. El blanco es el frío de la nieve, del miedo, de la quietud; el rojo tiñe el aire de ira, de sangre del lobo herido o ilumina los prados de amapolas. Esta dicotomía cromática crea un ritmo gráfico y también emocional. La dualidad está de nuevo presente en el rostro de Milo que la artista imagina mitad niño, mitad lobo, o lo que es lo mismo, mitad hombre, mitad bestia, maléfico y benéfico a la vez.

Recordemos que el lobo es un animal totémico venerado y temido, al mismo tiempo, en muy diversas culturas desde la antigüedad. En las mitologías europeas, desde el Mediterráneo hasta el norte de Escandinavia, aparece vinculado a la fertilidad y a la protección de la familia —no podemos olvidar que una loba fue la fundadora de la antigua Roma— pero también a la destrucción. Pasó a ser un enemigo directo del hombre en el momento en el que dejamos de ser cazadores y recolectores para convertirnos en ganaderos y agricultores. Además, el lobo es símbolo de inteligencia y astucia, pero también de amistad y lealtad. Todas estas características lo han convertido en una figura recurrente en los cuentos populares de todos los tiempos. La mayoría de las veces se trata de un lobo malvado como en los clásicos de la literatura infantil: Los tres cerditos, El lobo y los siete cabritos o Caperucita Roja, pero también, como ocurre aquí, se vuelve un ser entrañable que consigue hacerse un hueco en el corazón de nuestros lectores.

La aventura continúa y al final de su persecución, cuando Milo ya tensaba la cuerda de su arco, le aguarda una sorpresa final en el interior de una guarida. ¿Quieres saber cuál es? Con el corazón ya tranquilo, aprenderemos lo absurda que es la guerra y la importancia de vivir en paz.