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Entrevista a Oriol Canosa, Premio Ala Delta 2017

27 septiembre 2017

Todo libro tiene su propia historia. Esta es la que ha urdido con recuerdos y anhelos Oriol Canosa en «El islote de los perros», como una invitación para continuar el viaje por la realidad y la fantasía que da vida a la novela.

Oriol Canosa es escritor, librero y también ganador del XXVIII Premio Ala Delta. Su novela logró conmover al jurado por sus entrañables descripciones de Estambul y un argumento basado en un hecho histórico. En esta entrevista nos guía a través de este escenario tan mágico como peculiar, en el que tienen lugar los secretos que dieron origen a los personajes de Sait y a Klara, así como a la gran aventura que viven en la ficción. El islote de los perros conjuga la belleza de los puertos turcos con la riqueza del intercambio de culturas, en un relato que anima a embarcarse en otras tantas historias. 

El hecho real que se describe en la novela ganadora, aparece documentado en Los perros de Estambul y en el corto de animación Chienne d'histoire, ganador de la Palma de oro en 2010.

Pregunta: ¡Hola, Oriol! En el libro utilizas un narrador comprometido, como si fuera un turista que pasea por Estambul. Tal como sucede en algunos clásicos de la literatura habla, dialoga con el lector e interviene abiertamente en el desarrollo de la trama. ¿Qué te llevó a escogerlo en lugar de utilizar la voz de uno de sus protagonistas? 
Respuesta: Viví unos meses en Estambul y quería que el libro incluyera descripciones del paisaje y de la gente que habita la ciudad. Pero no quería que las descripciones largas lastraran el libro y el ritmo se ralentizara. Y se me ocurrió este sistema, que me permitía convertir las descripciones en pequeños juegos. Cuando era niño me fascinaba leer este tipo de estratagemas en los libros de Dumas, por ejemplo: «ahora dejemos un momento a D’Artagnan durmiendo plácidamente en su cama y volvamos al palacio del Louvre, donde el Cardenal Richelieu está a punto de recibir la visita de...».

P: Al estar basada la novela en un hecho histórico, ¿cómo fue el proceso de documentación?
R: En Estambul estuve trabajando en un libro sobre la historia de la ciudad, por lo que leí un montón y visité todos los rincones que tenían algo que ofrecer. Aunque ese libro no está terminado, conservo toda la documentación: fichas, libretas, cuadernos, etc. Cuando empecé a escribir El islote de los perros rescaté muchas de las cosas que había escrito y releí algunos libros. Lo complicado fue, precisamente, decidir qué cosas se quedaban fuera y de qué temas no hablaría. ¡Porque una ciudad como esa da para tanto...!

P: Estambul tiene muchas historias, mitos y leyendas. ¿Qué te llevó a escoger la que formó parte de El Islote de los perros?
R: La historia la encontré en el libro de Catherine Pinguet Les chiens d'Istanbul. Des rapports entre l'homme et l'animal de l'antiquité a nos jours. Pero en los relatos de viajeros que había leído me había llamado la atención que siempre se hablaba de los perros callejeros, sobre todo en los libros de viajeros europeos del siglo XIX. Y en mi imaginación, la ciudad siempre había estado poblada por cientos de perros. Cuando pensé en escribir un libro infantil ambientado en la ciudad, fui recogiendo cosas que me interesaban: los perros, Sait Faik, las islas Adalar, los judíos sefarditas, la convivencia de distintas culturas hasta principios del siglo XX... Con todos estos temas monté mi rompecabezas y los perros, poco a poco, fueron tomando importancia. 

P: ¿Qué es lo más importante que esperas el lector encuentre durante su lectura?
R: No pienso mucho en ello mientras escribo. De hecho, como librero estoy acostumbrado a ver cómo cada lector da importancia a cosas distintas y creo que esto es algo que hay que potenciar. No me gustan los libros que conducen el pensamiento del lector a sitios concretos, prefiero ofrecer múltiples lecturas y caminos y que cada lector escoja la suya. En cualquier caso, sí que espero que el lector disfrute leyendo y que los personajes, paisajes y situaciones le evoquen mundos por descubrir. 

P: Uno de los protagonistas de la novela es Sait Faik, un personaje inspirado en uno de los escritores turcos más relevantes. ¿Qué te llevó a incluirlo? 
R: Antes de viajar a Estambul no conocía a Sait Faik. En Turquía existe una literatura rica e interesantísima que desconocemos absolutamente. Más allá de Orhan Pamuk, Hakan Günday, Yaşar Kemal y alguno más, un lector occidental (incluso un buen lector) tiene serios problemas para citar a algún autor turco. Para mí, el descubrimiento de esta literatura, y especialmente de Faik, fue muy importante. Pero apenas hay traducciones. De Faik, por ejemplo, Ediciones del Oriente y del Mediterráneo han editado un par de libros suyos... y poco más. Si Faik hubiera escrito en inglés, ahora tendríamos docenas de ediciones de sus cuentos y los adolescentes se pasearían por la playa con un libro suyo en el bolsillo. Cuando buscaba un personaje turco para acompañar a Klara, pensé enseguida en él. Releí Los últimos pájaros y vi que era un candidato fantástico. Además, me serviría como anfitrión para presentar las islas Adalar al lector.

Me gusta incluir personajes reales en mis libros, a veces con nombres y apellidos y a veces escondidos bajo pseudónimos más o menos descifrables. Creo que forma parte del juego, que es una capa más en mis «libros-cebolla». El libro se puede leer perfectamente sin saber que Sait existió (o tantos otros personajes y anécdotas que se esconden en sus páginas), pero si algún lector se da cuenta enseguida se tejen pequeñas complicidades con el texto. 

P: Por lo que tengo entendido, el perro Avellana también existió… pero en un cuento de la antología Los últimos pájaros de Sait Faik. ¿Es así o fue pura casualidad? 
R: Sí, Avellana aparece en un cuento de Faik, como el café de Kornil y algunos detalles más. Cómo he dicho antes, me gusta incluir este tipo de cosas en mis libros. Hay cientos de ellas, de Faik y de otros autores, algunas más evidentes y otras muy difíciles de encontrar. Incluso hay personas reales a las que he conocido. Me parece interesante rellenar mis libros con pequeñas sorpresas y cameos que a menudo el lector no descubrirá. Es algo con lo que, como lector, disfruto mucho cuando aparece en los libros de los otros. 

P: El islote de los perros destaca por la descripción del escenario y su ambiente. ¿Fue algo natural o prestaste especial atención a ello? 
R: El paisaje de Estambul es sublime. La mayoría de los libros de viajeros de todos los tiempos empiezan rindiéndose a su belleza. Y una de las formas más bonitas de conocer la ciudad es desde el mar, desde los vapores que atraviesan el Bósforo. Quería que todo eso quedara reflejado en el libro, que sin caer en un exceso de descripciones líricas el lector pudiera oler los pinos y el mar, ver las mezquitas y los palacios e intuir el ruido de los mercados y las calles de la ciudad. Reescribí un montón de veces cada descripción, intentando concentrarlas al máximo para evitar que el ritmo se ralentizara. ¡Al fin y al cabo, es un libro infantil!

P: El final del hecho real es muy diferente al que has utilizado en la ficción. ¿Por qué has optado por el cambio?
R: Di muchas vueltas al asunto porque el final real fue absolutamente espantoso. Sencillamente, dejaron que los perros se devoraran entre ellos. No soy de los que creen que las novelas infantiles deben ser de algodón y con finales felices, pero en esta ocasión el planteamiento de la historia me llevaba hacia un final, como mínimo, más tranquilo. Además, el asunto de los perros no era el único tema del libro, y la historia de Sait y Klara o la de los guardianes del islote de Sivri tampoco se ajusta a la historia real. Y decidí que podía cambiar el final. De hecho, dejé el futuro de los perros en el aire, en la panza de un enorme carguero con rumbo al otro lado del planeta. ¿Quién sabe lo que les espera?

¡Muchas gracias, Oriol!