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Fantasmas, espíritus y otros seres sobrenaturales de Japón

12 diciembre 2019

«Historias de fantasmas de Japón», el nuevo libro de Benjamin Lacombe editado por Edelvives, llega con una magnífica ilustración y un halo de misterio.

Apaga las luces y agarra tu manta favorita porque estás a punto de conocer a los seres más terroríficos de todo Oriente. Historias de fantasmas de Japón nos adentra en un mundo paradisíaco de bellas pagodas, jardines con estanques de aguas durmientes y bosques de cedros y bambúes pero habitados por demonios, dragones sagrados y, sobre todo, por yurei.

Benjamin Lacombe es el responsable de esta maravillosa edición de Edelvives que se convierte en un homenaje a los relatos clásicos de la literatura fantástica japonesa. El autor ha seleccionado once inquietantes historias pobladas de fantasmas, espíritus y otros seres mágicos. Su fascinante mano es la encargada de las inquietantes ilustraciones que ayudan a crear un mundo sobrecogedor y misterioso, eso sí, dando a cada historia un tratamiento artístico diferente.


El autor de los textos es Lafcadio Hearn cuya vida, azarosa y llena de aventuras, se asemeja a una de sus historias de ficción. Este escritor, que nació en la isla jónica de Leucadia, en Grecia, en 1850, fue periodista, escritor y traductor, pero, sobre todo, un viajero incansable. Vivió en Dublín y de allí se marchó a EEUU donde trabajó para diferentes periódicos. Con el fin de realizar una serie de artículos para The Harper’s Magazine, en 1890 llegó a Japón, país que le fascinó y donde vivió hasta su muerte en 1904. Su vinculación con esta tierra fue tan fuerte que, después de contraer matrimonio con la hija de una familia de samuráis, en 1895 decidió nacionalizarse japonés y adoptar el nombre de Koizumi Yakumo. Su esposa fue la que le contó cuentos tradicionales de espectros y aparecidos que él se dedicó a reelaborar. Hearn consiguió, con sus escritos, acercar a Occidente las tradiciones más desconocidas de la cultura nipona.

El miedo a los espíritus que vagan por la tierra es algo común a todas las civilizaciones. Cada país tiene sus propios fantasmas y en el caso de Japón reciben el nombre de yurei. No os asustéis, son seres amables y cordiales, casi siempre femeninos, que caminan entre la vida y la muerte y pueblan las páginas de este libro. Uno de ellos es la protagonista de Yuki-Onna, poseedora de una belleza de extraordinaria blancura que desaparece ascendiendo arremolinada entre la bruma de un precioso paisaje nevado. Otro es la joven dama cuya larga cabellera negra se mecía como las ramas de un sauce llorón en La historia de Ito Norisuke. Hay relatos con amores más amables como el de Urashima y la hija del dios del mar que nos cuentan en El sueño de un día de verano. Pero también hay mujeres malvadas, como la siniestra bestia azulada de Ikiryo o la joven menuda y grácil de Mujina que al destaparse nos descubre un rostro desprovisto de ojos, nariz o boca. A veces los protagonistas son perversos animales como los felinos que se escapan de sus pinturas para convertirse en seres agresivos y sangrientos en El niño que dibujaba gatos o los enormes insectos de Historia de una mosca. En El comedor de sueños aparecen los baku, encargados de comerse las pesadillas para que nuestra desgracia o nuestro miedo se conviertan en buena suerte y en dicha. A medida que vamos avanzando descubrimos un mundo lleno de esqueletos gigantes, calaveras apiladas que forman altas montañas teñidas en blanco y negro, cabezas cortadas en mitad de bosques angostos; todo ello ilustra inquietantes alegorías y ensoñaciones que, no os preocupéis, desaparecerán al despertar.

¿Habéis visto ya alguno de estos seres fantásticos escapando de las páginas del libro o desvanecido entre fuegos fatuos? Estad atentos y no dejéis que ninguno de ellos os mate de un susto.