ACTUALIDAD


¡Feliz día, mamá!

26 abril 2018

El 6 de mayo es el Día de la Madre. Desde Edelvives nos unimos a esta celebración tan especial con un recorrido por algunos libros que revelan su importancia.

Por su presencia o por su ausencia, las madres siempre han tenido un protagonismo indiscutido en la literatura infantil. Porque, la verdad sea dicha, sin madrastras no hay acción. Y, aunque ninguna madre acompañe a su hijo a recorrer el camino del héroe, no hay duda de que fuera de página han hecho un intenso trabajo cuidando de sus catarros y dotándolos de las herramientas necesarias. Rara vez las madres son personajes exclusivos. Están ahí, como en la vida real, para que el protagonista pueda construir su propia historia. De ahí este pequeño recorrido por algunos libros a modo de homenaje, donde de forma discreta o no, dan cuenta de su importancia a través de algunas de sus tareas más frecuentes.

Tarea n.º 1: Proteger, socorrer y ayudar a crecer

En la primera infancia, la figura de la madre es un árbol protector que da cobijo, abrigo y seguridad. Por más que el viento sople, sabemos que seguirá ahí, firme, abrazando aún más sus raíces a la tierra. Por eso, cuando el protagonista de ¿Dónde está mamá elefante? se cree perdido, una inmensa angustia le recorre la trompa. Por fortuna, podremos ayudarlo a encontrarla a través de las solapas, aunque de poco servirá, porque ella —como siempre— lo estará esperando. Al igual que la mamá de Mauro, en Mauro necesita un abrazo, quien sabe que su osezno llegará tarde o temprano para comprobar cuáles son los brazos más reconfortantes del mundo. La mamá de osito, en cambio, cree que ha llegado la hora de que empiece a tener nuevos amigos. Porque eres mi amigo relata el tránsito de la separación de la figura de apego hacia el hermoso descubrimiento de la amistad entre iguales. En esta misma línea, la pequeña protagonista de Laura ayuda a su mamá baja de los brazos para colaborar en las tareas del hogar y confirmar, así, que juntas forman un gran equipo. Algo que vendrá muy bien en unos meses, cuando descubra en Laura y la tripita de mamá que tendrá un hermanito.

Tarea n.º 2: Vigilar la frontera del sueño (y de los sueños)

Una de las principales y más duras batallas que presentan las madres ocurre durante la noche. Despejado el terreno de monstruos, brujas y pesadillas, queda la tarea más heroica: hacer que los niños se duerman en el horario adecuado. Siete noches describe la firmeza de una madre ante las insistentes llamadas de su hijo en el momento de descansar. Él ha desplegado muy bien sus estrategias: pedir agua, cuentos, comida… ¿Habrá alguna táctica que sirva? ¿Tienen los ojos la suficiente fuerza de voluntad para permanecer abiertos más allá de lo esperado? Por el contrario, en ¡Ya soy mayor, mamá! la lucha contra el desvelo tiene un motivo muy diferente: es la primera vez que su hija duerme fuera de casa. «¿Cómo estará?», se preguntan sus padres, que piensan en todo lo que puede necesitar, mientras ella, gracias a la seguridad que le dieron, lo pasa muy bien. 

En El lobo no vendrá la señora coneja narra con auténtica paciencia a su conejita todas las razones por las cuales el lobo no puede llegar hasta su casa. Pero las madres a veces pueden equivocarse… ¿o no?

Los sueños, además, tienen un segundo significado: se vinculan a los deseos, a los anhelos, a los suspiros por el futuro. En este matiz se desarrolla la historia de Los sueños de la jirafa, una bellísima historia de cielos tan grandes como las ganas de ver el horizonte. La jirafa no es más alta que las piernas de su madre ni los pastos de la sabana. Desde ahí, imagina los animales que tan bien le describe su progenitora.

Tarea n.º 3: Gritar ¡al abordaje!
Una frase, un dibujo, una ocurrencia… son algunos de los motivos por los cuales ser madre es, a veces, estar en la cresta de la ola. Sin embargo, otras tantas, el oleaje se compone de una ilimitada lista de creativos y sorprendentes problemas cotidianos. Nada mejor que un buen grito pirata para hacerse a la mar y, por supuesto, salir a flote en cualquier contexto. «¡Al abordaje!» es la frase favorita de la mamá de Cecil, la capitana pirata del barco Mermaid. Su vida entre sables, luchas y bribones no es nada fácil, pero se complicará más aún cuando su hijo prefiera ir al colegio que forjar una vida entre los mares. Mum is a pirate es un libro lleno de humor, en el que un avergonzado hijo verá con sorpresa —y orgullo— cómo solo una madre diferente puede hacer frente a los peligros más inesperados. «¡Al abordaje!» también gritan las protagonistas de Las anginas de mamá, cuando observan que su madre cae enferma. Claro que el contexto es muy diferente… el baño, la cocina, el salón… todo es un terreno libre para recrear la vida salvaje. Menos mal que, después de todo, ese mismo espíritu es el que las anima a realizar una hermosa sorpresa.

Tarea n.º 3: Hacer de la rutina una delicia

Si algo han aprendido Hannah y su madre es a disfrutar de los momentos más dulces de la vida. Ambas comparten la pasión por la repostería y, aunque el horno no siempre está para bollos, cuentan con todos los ingredientes para sacar adelante los sinsabores que tiene crecer, mudarse de pueblo y montar un negocio. Porque la receta de la maternidad en La pastelería de las mejores amigas siempre incluye unas buenas dosis de comprensión, humor, ternura y amor (mucho amor).En conclusión…Gracias a las madres miles de historias son posibles. En libros y fuera de ellos, están ahí con la fortaleza de un roble, la valentía de los piratas y la dulzura de un buen pastel. Gracias por ayudar a imaginar lo que hay más allá del horizonte, gracias por custodiar los sueños. ¡Feliz día!