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Hijo de dragones: el último álbum de Sébastien Perez

2 noviembre 2017

El escritor francés invita a elevar el vuelo con un libro sobre la valentía y la búsqueda de la propia identidad. El álbum cuenta con las magníficas ilustraciones de Justine Brax, la artista que puso imágenes a «Mowgli».

El ser humano es propenso a la fantasía. Fue capaz de ver serpientes gigantes en el movimiento de delfines y ballenas, y sirenas en enormes animales como los manatíes. También, dio por segura la existencia de los dragones a partir de fósiles de algunos animales. Desde entonces, estos reptiles de fuego y magia tomaron un papel relevante en las culturas del mundo.

En oriente, los dragones siempre fueron benévolos y representaban la buena fortuna; mientras que en occidente su comportamiento original está ligado a la maldad. En la actualidad, la literatura reinterpreta a los dragones de las formas más variadas, pues se han convertido en personajes clásicos dentro de los libros infantiles debido a su carisma y permeabilidad a la hora de asignarle diferentes significados. 

Hijo de dragones, el último álbum del escritor Sébastien Perez, ahonda en el lado simbólico de estos animales míticos. Yomón sueña con ser igual que sus hermanos: poder volar, lanzar fuego, hacer añicos las rocas con los dientes. Dentro de él late un corazón de un dragón, pero su cuerpo es humano. Cansado de anhelar lo que no es, visita al más sabio de la especie para poner remedio a la situación. De esta forma, se entera que hay una única manera de transformarse plenamente en dragón: recuperar los cinco tesoros que los reyes le robaron a la colonia. Yomón parte entonces en búsqueda de una garra, un colmillo, las alas, el resoplido atronador y el fuego eterno dispersos en reinos tan disímiles como singulares. 

Sébastien Perez consigue en este álbum un relato de tono poético, con una suave cadencia narrativa y el espíritu de los cuentos clásicos. El héroe, un niño entre 10 y 12 años, deberá superar diferentes pruebas para conseguir su cometido, movido por la fortaleza, la valentía y la lealtad. Las ilustraciones de Justine Brax, altamente expresivas en el uso del color, realzan las emociones de los personajes mientras crean un ambiente tan mágico y sugerente como las criaturas que lo protagonizan.  

La lectura de Hijo de dragones actúa como el fósil que en la antigüedad avivó la imaginación de los pueblos. Esta vez, la mirada se orienta hacia un universo íntimo y personal atravesado por lo extraordinario, para reinventar las preguntas sobre quiénes somos y quienes deseamos ser. Ambas con tantos recorridos y respuestas como el vuelo de los dragones.