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La mirada al natural de los autores de «¡Cuánto color!»

8 septiembre 2021

Entrevistamos a Raúl Bermejo y Nacho Uve, los creadores «¡Cuánto color!», un libro interactivo para estimular la creatividad de los lectores más pequeños y sorprenderlos página a página.

Nacho Uve y Raúl Bermejo

Nacho Uve y Raúl Bermejo.

La cubierta de ¡Cuánto color! es una sugerente mancha oscura… ¿Un huevo? ¿Una piedra? ¿Una araña? El interior del libro se llena de color y de sugerencias para que los lectores dejen volar su imaginación y creen un mundo de historias y personajes, al tiempo que saltan, dan palmas y recurren a los más variados elementos para elaborar sus propias creaciones artísticas.

Se trata de una obra que recoge las aportaciones de la neurociencia y el aprendizaje multisensorial de una forma visual y muy divertida.Sus autores son Raúl Bermejo, experto en innovación educativa y autor del proyecto Croqueta de Edelvives, y el artista gráfico Nacho Uve. Ambos, en una distendida entrevista, nos descubren los secretos de su creación.

¿Cómo surgió el proyecto de crear ¡Cuánto color!? ¿Lo concebisteis juntos?
La verdad es que fue Raúl quien tenía en la cabeza un libro de este tipo —dice Nacho—. Cuando me explicó la idea, yo no tenía muy claro a qué se refería con un «libro interactivo»; yo, realmente, lo primero que pensé fue en una aplicación digital infantil. Después, ya fue todo más fluido y ahí ya empecé a intervenir para modificar la idea y aportar una visión más estética al proyecto.

Por mi parte —añade Raúl—, he de decir que hace años que quería hacer un libro de estas características, donde el niño sea realmente el protagonista de su propio aprendizaje, donde pueda interactuar, jugar, cantar, dibujar; en el que cada página sea un reto para desarrollar la motivación intrínseca. A raíz de esa idea y apoyándome en mis últimos estudios de neurociencia decidí fusionar todo y planteárselo a la Editorial Edelvives.

¿Y cómo fue el proceso de trabajo? ¿Discurren en paralelo la creación del texto y de la parte gráfica o ambas van de la mano?
Pues honestamente, fue un proceso de trabajo precioso, el libro no tiene nada que ver con el primer boceto —comienza Nacho—. ¡Lo cambiamos entero! Y fue genial porque nos sentimos comodísimos creando su estructura. Empapelamos toda una pared con bocetos de las secuencias, con diferentes colocaciones y transiciones para que todo tuviese coherencia… Con el boceto en la pared, íbamos modificando el planteamiento sobre la marcha. De hecho, es curioso que el libro se empezó prácticamente por la mitad, no por el principio. La primera ilustración que nos encajó y fue la chispa adecuada que dio pie al resto del libro fue el guepardo. De él salió todo el entramado del cuento.

Nuestras creaciones siempre van de la mano y esta, concretamente, mucho más. Hubo que adaptar en ocasiones texto a imagen e imagen a texto; de esta manera, el proceso fue fluyendo y creciendo como si el relato y la parte gráfica fuesen una misma cosa. No íbamos creando texto o imagen de forma independiente, sino que creábamos las páginas como un todo, ¿no es cierto, Raúl?

Sí, fue tal y como lo cuenta Nacho. Para mí ha sido un proceso bastante complicado y bonito a la vez, porque finalmente el resultado no tiene nada que ver con la idea original, aunque la misma base y la conceptualización estén intactas. Ha sido un proceso de trabajo conjunto, incluso muchas veces se han hecho las ilustraciones antes que el texto…Yo creo que por eso ¡Cuánto color! es tan especial.

¿En qué os inspirasteis para crear este proyecto? ¿Os inspiráis solo en libros o también en trabajos y propuestas multimedia?

Porque el libro es muy interactivo…Pues no —explica Raúl—, lo cierto es que no nos basamos en propuestas multimedia. Yo soy totalmente analógico y es algo que no debemos perder, cada vez los pequeños desarrollan menos las habilidades motrices finas. Yo ya conocía este tipo de libros y ya hay muchos autores que ha desarrollado este formato, como Hervé Tullet, que me encanta —es más, seguramente en todo lo que hago hay algo de inspiración en él—. Lo que nunca he visto es un libro interactivo pero figurativo, de ahí que sea más especial y difícil todavía. Creo que hemos arriesgado mucho con ¡Cuánto color!

Yo, por mi parte —agrega Nacho—, sí sabía de la existencia de este tipo de libros, aunque no los conocía con detalle. Normalmente, tengo más referencias de literatura infantil con historias y personajes del tipo tradicional.Al trabajar en ¡Cuánto color! para mí ha sido toda una novedad crear un libro donde no había un personaje, ni aventuras narradas, excepto las del propio niño, que es el verdadero protagonista del libro.

Raúl siempre ha estado vinculado profesionalmente con la infancia, pero en tu caso, Nacho, las incursiones en el universo infantil son más puntuales. ¿Te resulta más difícil concebir proyectos y trabajar para el público infantil? ¿Es un público más exigente? ¿En qué?
Pues sí, creo que es un público más exigente y también me hace ser más exigente conmigo mismo por este motivo. Pero la imaginación en este sector no tiene límites y eso es algo que me encanta, los niños encajan muchísimo mejor cualquier tipo de fantasía y eso a la hora de crear es genial.

Nacho, tú estás especializado en las artes visuales, ¿nos puedes contar con un poco de detalle cómo es tu trabajo en un proyecto como este? Y ¿Qué sueles necesitar para llevarlo a cabo? 
Aunque yo me dedico a crear, la forma de hacerlo en un proyecto de este tipo es diferente. Con Raúl es muy fácil; él es muy exigente, pero nos conocemos mucho y eso facilita el trabajo. Él se encarga de la parte más técnica y de que yo capte el concepto que tiene en la mente; después, yo trato de trasladarlo al papel. Yo intento mejorar sus propuestas a nivel estético y darle siempre una vuelta para que sea lo más atractivo posible para los más pequeños. Y lo que más necesitamos, lo primordial, es tiempo. De un día para otro pueden aparecer ideas nuevas y formas nuevas de enfocar el proyecto, sobre todo al principio. Mucho papel, muchos bocetos, buena música de fondo y dejarse llevar…


Gracias al libro, además de pasar un rato estupendo, los pequeños lectores pueden aprender muchas cosas. Lo de docere delectare (instruir entreteniendo) es un propósito muy antiguo, pero ¿en qué medida crees, Raúl, que está presente en la forma actual de abordar el aprendizaje?

Bueno, como maestro yo no concibo el aprendizaje sin que sea a través del juego, la manipulación, la exploración y la investigación. Quizá en los últimos años esté cambiando un poco la perspectiva, pero creo que todavía queda camino por recorrer y luchar. Me da miedo que las cosas se queden solo en un grupo dentro de la docencia y las familias. Creo que se sigue pensando que porque un niño aprenda a leer y escribir antes que sus compañeros es más listo que los demás, y eso, no tiene por qué ser cierto. Dejemos que las cosas fluyan y procuremos que se mantenga el aprendizaje multisensorial.

Raúl, muchos de tus proyectos están pensados para fomentar, entre otras cosas, la creatividad de los niños. ¿De qué manera lo hace este libro? Últimamente, se habla mucho de la creatividad. ¿Para qué es importante la creatividad en la vida?
La creatividad lo es todo. Desde que me especialicé en ello, siempre digo que para mí es un estilo de vida. Te ayuda a salir de tu zona de confort, a encontrar soluciones a los problemas, a trabajar tu autoestima, a conseguir confianza en ti mismo… Mira si es importante la creatividad. En ¡Cuánto color! cada página está llena de creatividad, desborda creatividad por cada una de las esquinas, en cada palabra, en cada gesto, en cada acción que el niño o la niña tiene que realizar.

¿Qué van a encontrar los peques cuando abran ¡Cuánto color!?
La primera sensación que despertará el libro es sorpresa—dice Nacho—, porque su interior es totalmente inesperado. Es más, lo normal es que los lectores se pregunten por qué se llama ¡Cuánto color! si la cubierta es negra. Pero enseguida averiguarán el porqué. Además de sorpresa —apostilla Raúl—, van a encontrar risas, retos, incertidumbre, curiosidad, motivación, texto en mayúsculas, rimado… Podría seguir diciendo cosas y más cosas, porque es un libro inagotable. 

¿Cómo os gustaría que contemplaran los peques las páginas?
Me gustaría que las vieran con total libertad, COMO ELLOS QUIERAN —contesta Nacho—. El primer feedback que hemos tenido con lectores y lectoras que han disfrutado del libro ha sido alucinante. Aunque sea el mismo libro para todos, cada quien hace su propia versión. Unos la terminan, otros la continúan, añaden personajes, decoran los que ya hay, ponen nombres… ¡Incluso las guardas forman parte de la historia para algunos! A mí me encantaría —completa Raúl— que después de veinte años, los lectores volvieran a este libro y observaran con añoranza parte de su infancia, sus garabatos, sus dibujos, sus primeras letras…

Y es que cada ejemplar de ¡Cuánto color! se convierte en un objeto único, una vez que cada lector o lectora lo ha hecho suyo. 
Muchas gracias a los dos por compartir vuestras miradas.