ACTUALIDAD


Sébastien Perez y Justine Brax dialogan sobre «Hijo de dragones»

16 enero 2018 | ENTREVISTA

Los autores de «Hijos de dragones» dialogan sobre su primer libro publicado en español. Un álbum con diferentes lecturas y gran riqueza visual, que nos conduce por caminos tan reales como fantásticos.

Sébastien Perez y Justine Brax se conocen hace mucho tiempo, cuando ella y Benjamin Lacombe estudiaban juntos. De ahí surgió una amistad que hoy cumple quince años y ha dado como fruto tres álbumes ilustrados, en la más estrecha colaboración. Hijo de dragones es el primero publicado en español.

La historia de esta historia
Crecer es difícil. Esta es una de las tantas certezas que nos deja Yomón en su viaje. Su vuelo de dragón deja en la estela palabras como «determinación», «lucha» e «identidad». Y así, en el aire, estas palabras levitan hasta que el lector las atrapa, una vez que el libro ha sido cerrado y la historia sembrada en el corazón.

En Edelvives, Justine Brax ha publicado como ilustradora Mowgli y Sucedió así, ambos del autor clásico Rudyard Kipling.

Sébastien Perez cuenta con las siguientes obras en la editorial: El herbario de las hadas, Ruiseñor, Genealogía de una bruja, Los superhéroes odian las alcachofas, Retratos gatunos, Destinos perrunos, Frida y Elisa (publicado en Contempla).

Según Sébastien, Hijo de dragones «trata de dos temas: la diferencia y el paso a otra etapa de la vida». Justine agrega «también, es una historia sobre la búsqueda de uno mismo. Llegar a ser quien se es realmente, a pesar del cuerpo o el aspecto que se tenga». Y en efecto, es así. Su protagonista es Yomón, un niño que siempre ha vivido entre dragones. Llegada la adolescencia, el joven decide transformar su cuerpo en un dragón, para que vaya en consonancia con su mente y sus sentimientos. De esta forma, emprende un largo viaje. «Yomón sufre una crisis de identidad». Sin embargo, es fuerte y seguro de sí mismo, de lo que es y de lo que quiere llegar a ser.

Su tarea más difícil es lograr que los demás acepten ese hecho», cuenta Sébastien. «Vivimos en una sociedad cada vez más exigente y que le da una enorme importancia a la imagen. A una imagen perfecta —comenta Justine—. Esto supone una gran presión para muchos niños y adolescentes, que se sienten obligados a responder de forma estricta a los códigos que vienen impuestos por la ley de las redes sociales, las revistas o los grupos identitarios, entre otros. Esta «normalidad» impuesta se convierte en un reflejo de lo que no somos… Por eso es posible que algunos niños vivan un conflicto interior entre su corazón y su cuerpo».

La ilustración a pleno vuelo
Pese a que la historia cuenta con elementos de los cuentos clásicos, su estética está lejos de los relatos tradicionales de caballeros y dragones. Preguntamos a Justine si sus ilustraciones estaban inspiradas en algo en particular. Su respuesta fue contundente: «En el papel japonés. Me apasiona Japón, y volvía de Tokio, donde había podido comprar un gran surtido de papeles con motivos deslumbrantes. Quería trabajar el tema de la delicadeza, la superposición de escamas, el cielo... Tenía en mente todas esas cintas atadas a las ramas de los árboles que flotan al viento en los templos japoneses».

En su gran mayoría, las ilustraciones recorren las páginas al completo. Allí reinan las texturas y los detalles, pues todo cuenta para introducir al lector en una atmósfera fantástica. Pero también hay páginas donde el blanco es el dueño de todo el territorio, salvo por pequeñas parcelas en naranja. «Mis ilustraciones son muy densas. Utilizo el collage, la pintura, la textura, los efectos de distintas materias, las superposiciones de escamas... Por este motivo me pareció importante oxigenar el conjunto con esas viñetas más pequeñas. Decidí plantearlas como un dibujo al trazo y de un solo color, para aportar algo de ligereza al libro. Esta vez me inspiré en motivos célticos, por su carácter sumamente geométrico y estilizado».

Benjamin Lacombe ha sido el director artístico del álbum. Entre sus aportes, ha estado el uso del naranja fluorescente, que dota al libro de un gran impacto visual. «Al principio me daba miedo que resaltara en exceso. Me parecía demasiado radical, y me opuse. Pero luego confié en su criterio. El naranja aporta contraste al universo cromático del libro, permite crear una especie de ritmo gráfico, ¡y además se ve de lejos! Hoy todavía me pregunto cómo pude poner en duda ni por un segundo ese «naranja», porque funciona de maravilla».

¿Hijos de dragones?
Preguntamos a ambos autores qué era aquello que más les gustaba de esta aventura que los había vuelto a unir. Sébastien respondió: «Me gusta el lado fantástico de la aventura de Yomón y la fortaleza que el joven demuestra. También la simbología de la historia, que puede representar búsquedas diferentes». Justine estuvo de acuerdo: «Valoro el doble sentido. Me gustan las historias simbólicas en las que se pueden descubrir diferentes niveles de lectura».Entonces, los seres humanos ¿somos, en algún aspecto, hijos de dragones? La respuesta queda en el aire, a la espera que el lector —siempre valiente— la atrape y la haga suya. 

Tipo : ENTREVISTA