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Un equilibrista en el colegio: ¿Salud o pedagogía?

1 diciembre 2020

Es posible que durante este curso resulte más complicado impartir todo el currículo, pero seguramente el alumnado nunca se va a sentir tan a gusto en el colegio como este año.

Álex Visús, asesor estratégico en innovación educativa, nos traslada una reflexión sobre este peculiar curso escolar.

El otro día vi la película El desafío. Trataba de un equilibrista que se proponía batir un récord. Este consistía en caminar sobre un alambre extendido entre las Torres Gemelas de Nueva York. Me di cuenta de que, en cierta manera, es lo mismo que estamos viviendo ahora en los colegios. Cada docente es como un equilibrista que avanza entre dos edificios, a gran altura, recorriendo un alambre con una barra de equilibrio en sus manos. En un extremo de la barra está la salud y en el otro, la pedagogía. 

Al inicio del curso, los telediarios y tertulias mediáticas se cuestionaban cómo se iba a garantizar la salud en los colegios. Esa era su única y gran preocupación. Parece que la idea era anteponer la salud a todo, pero ¿qué es la salud? Según la OMS: «La salud es un estado de completo bienestar físico, mental y social, y no solamente la ausencia de afecciones o enfermedades». Si esto es así, nuestro docente equilibrista ya no tiene en los extremos de su barra la salud y la pedagogía, ya que la buena práctica de la pedagogía es salud. Es decir, la pedagogía ayuda a un completo bienestar físico, mental y social. Por tanto, la barra que ayuda a equilibrarse en este curso es la pedagogía. ¿Qué podemos hacer para que nuestras prácticas pedagógicas fomenten la salud de nuestro alumnado?

Facilitar el bienestar físico

La primera respuesta a la pregunta anterior es, por supuesto, cumplir las normas y protocolos de seguridad que cada colegio haya establecido. Estamos viendo como en la mayoría de los centros el alumnado se está adaptando muy bien a ellos. Muchas veces son las niñas y los niños los que nos señalan que llevamos mal puesta la mascarilla o se organizan perfectamente en colas para lavarse las manos o para colgar las batas. Hace poco, una profesora me decía que estaba muy impresionada por cómo sus alumnos de 4 años se estaban adaptando, con mucha normalidad, a esta situación.

Aparte de esto, habría que abordar otras cuestiones fundamentales, como la actividad física que proponemos en los colegios o nuestra conexión con el entorno. Este es un gran momento para repensar cómo nos estamos relacionando con el entorno físico en el que se ubica nuestro centro: los parques, las calles o los recursos medioambientales. 

Tenemos limitaciones, muchas. Pero también la necesidad, y a la vez la facilidad, de salir de las aulas. Podemos dar clase en el patio, alrededor de ese árbol en el que nunca nos hemos fijado; o salir al parque que vemos desde la ventana y explicar la fotosíntesis; o aprender a contar hojas; o, ¿por qué no?, enseñar la teoría de la gravedad. El aire libre es un factor de seguridad.

Facilitar el bienestar mental

Sabemos que podemos favorecer este bienestar de muchas formas, pero hay un aspecto que lo condiciona significativamente: la necesidad de tener hábitos y rutinas. Uno de los factores que más seguridad personal proporcionan a los niños y las niñas son estas rutinas que tan simples parecían hasta marzo. Cuánto han echado en falta ir todos los días al colegio y tener un horario. 

Al preguntar en una formación online qué era lo que más les estaba sorprendiendo en este curso, muchas profesoras decían que eran las ganas con las que habían llegado las niñas y los niños al colegio. Incluso cuando a los alumnos de Formación Profesional se les preguntaba qué preferían, si recibir clase online o presencial, la mayoría elegía presencial.

Facilitar el bienestar emocional

Innumerables estudios han demostrado que generar un clima emocional positivo en el aula favorece el aprendizaje. ¿Cómo lo hacemos? Mediante nuestras relaciones personales. Hay que construir lazos afectivos que ofrezcan a los alumnos la seguridad de ser importantes y de ser reconocidos. Es esencial en este momento cuidar el vínculo emocional que se construye con ellos.

Sin embargo, no solo es importante ese vínculo. La posibilidad de interactuar con iguales, con los compañeros, es vital. Por eso, aunque siempre lo hacemos, este curso hay que trabajar especialmente la cohesión del grupo. Ya que pasamos tanto tiempo juntos con el mismo grupo burbuja, tratemos de estar lo más a gusto posible. La relación entre los miembros de la clase no se puede dejar al azar, es algo demasiado valioso.

La cohesión de un grupo hay que provocarla, trabajarla, darle herramientas; en definitiva, dedicarle horas. Porque, al final, todo aquello a lo que no se dedica tiempo queda solamente en buenas intenciones, nada más. De modo que la pregunta que formulo a los docentes es: «¿Qué vais a hacer esta semana para cohesionar más vuestro grupo clase?».

    

Álex Visús

Álex Visús es licenciado en Pedagogía y diplomado en Educación Social. Asimismo, se ha formado en coaching por el Instituto de Desarrollo, acreditado por el CCE (Continuing Coach Education) y dependiente del ICF (International Coach Federation). Fue profesor de Educación Secundaria y responsable de innovación educativa en colegios concertados. Actualmente realiza procesos de coaching educativo con profesores, alumnos y familias, y acompaña a equipos directivos de colegios en procesos de innovación educativa. Es formador en metodologías activas de aprendizaje y en cursos de coach educativo para el ICE (Institut de Ciències de l’Educació) de la Universitat de Barcelona, la editorial Edelvives y diversas instituciones educativas. 

Acabo con una recomendación metodológica. Aunque no lo parezca, debido a la necesidad de mantener la distancia social, el aprendizaje cooperativo resulta una gran ayuda en estos tiempos. Sirve especialmente para favorecer la inclusión y aumentar la equidad.

Es posible que durante este curso no podamos avanzar en el currículo tanto como otras veces, pero seguramente el alumnado nunca se va a sentir tan a gusto en el colegio como este año. Y eso es salud. La pedagogía ya no solo es la barra del equilibrista. Es mucho más. Se convierte en la tabla de surf en la que nos deslizaremos sobre todas las oleadas que vengan.