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Una curiosa historia de piratas y samuráis

26 marzo 2018

¿Dispuestos a viajar al lejano Japón? Con «La hija del samurái» viviremos las aventuras de un marino convertido en valiente guerrero y disfrutaremos de una tierna historia de amor entre dos jóvenes de mundos diferentes.

No hay duda de la pasión del escritor Fred Bernard y del ilustrador François Roca por los viajes. Les encanta ambientar sus cuentos en lugares exóticos, eso los aleja de nuestra realidad, pero, al mismo tiempo, siempre resultan tan familiares como los relatos de nuestra infancia. Quizá ese sea el secreto de que les gusten tanto a los niños como a los padres.


«...los libros de esta pareja son siempre tesoros para leer, pero también para mirar».


Desde el punto de vista literario, unas veces evocan las seductoras imágenes del realismo mágico, otras nos trasladan al mundo del cómic. Son novelas donde hay tanto que decir que se intuye el laborioso camino que las convierte en una narración breve. Es ahí donde juegan un papel importantísimo las ilustraciones: marinas de inspiración clásica, teatrales paisajes románticos o expresionistas juegos de luces y sombras. Con todas ellas Roca consigue dibujar lo que el texto calla. Por eso, los libros de esta pareja son siempre tesoros para leer, pero también para mirar.

Tres son los protagonistas de esta historia. El joven Tomé Dias es el narrador, su barco naufraga en una isla y el anciano samurái ciego Masumi Musashi le salva. A partir de entonces se convierte en su Maestro, le entrena en el uso del sable y le transmite los secretos del combate. Su personaje puede ser una réplica del famoso guerrero y escritor Miyamoto Musashi al que está dedicado el libro. Por último, el trío lo completa Tomo, hija y pareja, el amor de los dos héroes masculinos.

Sus vidas transcurren con plácida tranquilidad hasta que todo cambia con el secuestro de la dama. A partir de ese momento comienza un trepidante viaje lleno de peligros donde acechan los fantásticos Guerreros-Demonios o los dragones. Tomé deberá entonces demostrar el afán de superación, la valentía y el honor, señas de identidad de la cultura japonesa que le han enseñado.

Pero lo que de verdad hace de La hija del samurái una novela diferente es su manera de presentarse. El relato se cuenta desde el interior de un teatro donde se celebra un concurso de cuentacuentos con un jurado que lo va a valorar. El protagonista es nuestro juglar y tiene que escenificar una increíble historia capaz de sorprender y deleitar al público. Para ello, utilizará todos los trucos del mundo del espectáculo. Solo una pista. Se abre el telón. El escenario está a oscuras y aparece una bella pareja ataviada con sendos kimonos, son Tomé y Tomo. Sorprendentemente, él tiene rasgos europeos y, además, le falta la mano derecha. Ella cubre su rostro con un velo que al apartarlo deja a la vista unos rasgos delicados y exquisitos minuciosamente tatuados con kanjis. Amputaciones y tatuajes, no podía empezar de otra manera una fábula de piratas y guerreros. A partir de aquí la magia está servida.