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«Debes vivir la historia que quieres contar»

19 septiembre 2016

Daniel Hernández Chambers es el autor de «El secreto de Enola». Escritor y traductor, en este diálogo nos acerca al corazón de la novela ganadora del XXVII Premio Ala Delta.

Encuentros entre España y Gran Bretaña, entre la lengua inglesa y la española, entre la escritura y la traducción. En esta frontera hecha de infancia, letras y relatos se mueve Daniel Hernández Chambers para inventar historias o recrearlas. 

Desde ahí nos tiende una mano como lectores, para invitarnos a navegar por su novela El secreto de Enola, conocer el corazón de su trama y andar por los temas que la andan y la desandan. En sus respuestas dejamos algunos itinerarios de lectura. 

Tus libros siempre tienen una conexión con algún hecho real. Una anécdota de la vida que los motiva a nacer. ¿Cuál fue ese hecho en el caso de El secreto de Enola?

Esta historia surgió en mi cabeza a raíz de leer una breve noticia en un periódico, hace años: al hacer reformas en su casa, un ciudadano inglés había encontrado el esqueleto de una paloma mensajera que todavía conservaba en su pata la cápsula con un mensaje en su interior. Según decía el artículo, nadie había podido descifrar el mensaje, así que enseguida se me ocurrió la oportunidad de aprovechar un hecho tan sugerente.

Cuando recibiste el Premio comentaste que nunca nadie debería quedarse esperando. ¿Fue esta la razón que te motivó a transformar la noticia en una novela?


No exactamente. A lo que me refería era a que el tiempo pasa, y aunque a veces nos da la impresión de que nos queda mucho por delante, la realidad es que no podemos confiar en segundas oportunidades, así que conviene intentar aprovechar el momento y vivir el presente. Creo que todos, en alguna ocasión, nos hemos arrepentido por no haber aprovechado una oportunidad concreta pensando que, quizá, podríamos hacerlo más tarde. Pero no. Tenemos que buscar la oportunidad, provocarla con nuestras propias acciones, no esperar a que se produzca.

¿Tus personajes tienen también conexión con algún recuerdo, hecho o están basados en alguien que conoces? 

Intencionadamente nunca los baso, por completo, en alguien conocido, pero en ocasiones, sí tienen características de gente a la que conozco y de recuerdos propios. No se podría decir que un personaje en concreto es una persona en particular, pero sí que está construido a partir de diferentes rasgos de varias personas y, también, de una buena porción de invención.

¿Sientes alguna cercanía especial con alguno de ellos?

En el caso de El secreto de Enola, es Ralph con quien me siento más cercano. Cuando leí la noticia de la paloma mensajera sabía que quería escribir sobre ese hecho, pero hasta que no encontré a Ralph no tenía protagonista.

Calcetines, su protagonista, es un personaje entrañable. ¿Cómo lo describirías? Desde tu óptica de escritor, ¿cómo fue su desarrollo? ¿siempre estuvo definido o, en algún momento, creció y se te fue de las manos?  

Supongo que en Ralph hay algunas cosas de mí mismo, pero también de personajes de los libros con los que disfruté cuando yo tenía la misma edad que Ralph. Es un chico curioso e introvertido al que le gusta tener la última palabra, aunque eso le suele meter en problemas. A veces los personajes surgen poco a poco y se van definiendo lentamente, pero en el caso de Ralph sucedió de golpe. Creo que es un personaje muy redondo.

La historia de Calcetines, Enola y Margaret tiene lugar en Sandgate. Se une a otras obras tuyas ambientadas en un pueblo o ciudad inglesa. ¿Qué te lleva a viajar tan lejos en la imaginación y a situar allí tus relatos? 

Para mí, irme a Inglaterra no es irme lejos. Tengo sangre británica y con cierta frecuencia las historias que imagino suceden allí. Cuando comienzo a planificar una nueva obra, a veces solo con un pequeño esbozo de la historia, ya pienso en qué contexto geográfico situarla. A menudo ambas cosas vienen de la mano. En este caso, además, el hecho real había ocurrido en Inglaterra, así que no se me pasó por la cabeza cambiarlo.

Vamos a dialogar un poco sobre el proceso de escritura de la novela. ¿Fue fluido, costoso…? ¿Cómo te has sentido en el camino? ¿Cuándo comenzaste a escribirla y en qué momento la has finalizado? 

El secreto de Enola, debe ser sin duda la obra que menos tiempo me ha llevado en su primera versión. La escribí exactamente en 21 días. Luego, por supuesto, vinieron correcciones, revisiones, cambios. El proceso total fue mucho más extenso que esas tres semanas, pero la versión inicial fluyó de manera muy rápida. Y una vez terminado todo el proceso y enviada al Premio Ala Delta, cuando se emitió el fallo, el editor, Jorge Gómez, y yo trabajamos juntos para pulir algunos detalles. No se termina de trabajar en un libro hasta que entra en imprenta.

El libro está dedicado al doctor Ivorra y al personal de pediatría. ¿Puedes contarnos  qué relación han tenido con esta novela? ¿Cuál es la historia detrás de esta historia? 

No tienen relación directa con el libro, sino con mi vida personal. El doctor Ivorra operó a mi hijo mayor de peritonitis y le salvó la vida, y el personal de pediatría le cuidó con mimo durante el período de recuperación en el hospital. Desde entonces me he sentido en deuda con todos ellos, y al recibir el Premio Ala Delta pensé que era una buena oportunidad para dedicarles un libro.

¿Con qué sensaciones te gustaría que se quede el lector después de leer El secreto de Enola?

Mi propósito es escribir historias que a mí mismo me gustaría leer. La idea es que el lector, cuando llegue al punto y final, se alegre de haber leído el libro y se quede con la sensación de haber disfrutado de la historia de Ralph y Enola, que sienta un poquito de lástima por tener que despedirse de ellos.

Ahora vamos a hablar un poco sobre tu profesión. La primera pregunta es… ¿cuándo y cómo te hiciste lector?

De pequeño y en casa. Recuerdo a mi madre devorando libros a cualquier hora, a mi padre leyendo aquellos antiguos libros de bolsillo de historias del Oeste,  y a mi hermano mayor coleccionando novelas de Tolkien, Asimov, London, etc.

La segunda, ¿cuándo empezaste a reconocerte como escritor y, sobre todo, como escritor de literatura infantil y juvenil?

Considerarme a mí mismo escritor me ha costado mucho, porque es algo que he soñado desde siempre. Empecé a trastear con una vieja máquina de escribir de mi madre y fantaseaba con encontrar, algún día, un libro mío en una librería. Incluso después de publicar mi primera novela, finalista del Premio Gran Angular, me seguía resultando atrevido llamarme escritor. Supongo que fue unos años más tarde, cuando ya no tenía una sola obra publicada sino varias, cuando me reconocí como escritor, aunque tengo muy claro que estoy todavía en fase de aprendizaje.

«Escribir no es cuestión de tener unas cuantas tardes libres para dedicarte a ello. Tienes que mudarte a vivir dentro del libro que estás escribiendo». Estas hermosas palabras, extraídas de una entrevista, son tuyas. ¿Puedes ampliar qué significa «mudarte al libro que estás escribiendo»?

Imagino que esas palabras venían motivadas por el hecho de que mucha gente que desea escribir una novela olvida que para lograrlo es necesario vivir la historia que quieres contar. Vivirla en el sentido de no poder quitártela de la cabeza hasta que la has terminado y aún más allá, hasta que la has corregido mil veces. El oficio de escritor requiere dedicación diaria. No es necesario escribir todos los días, pero sí pensar en la historia que tienes entre manos, visualizar las escenas, representarlas en tu mente, tomar notas… Eso también es escribir. Sé que a menudo doy la impresión de estar despistado o completamente desinteresado por lo que está sucediendo a mi alrededor en un momento concreto, pero lo que ocurre es que me he mudado «mentalmente» al libro que estoy escribiendo.            

¿Con qué género te sientes más a gusto a la hora de escribir? ¿Con cuál te identificas como lector? 

Sinceramente, no pienso en los géneros, no me gusta catalogarme como autor de tal o cual género. Prefiero definirme como un contador de historias, y esas historias a veces son realistas, otras de fantasía épica, de ciencia ficción… Como lector me sucede lo mismo. Puedo leer a John Connolly y, acto seguido, a Helen Fielding.

¿Qué libros siempre están en tu mesita de noche?

Ahí suele estar el que estoy leyendo. Ahora mismo es uno titulado Off the map, de Alastair Bonnett. 

¿Hay algún libro o autor que te hayan conmovido profundamente? 

Me conmovió Gesualdo Bufalino hasta tal punto que decidí leer todos sus libros uno tras otro, cosa que no suelo hacer. Más recientemente, realicé la traducción al castellano de La canción del exilio, de K. Davenport, una historia de ficción basada en las historias de mujeres que fueron prisioneras del ejército japonés y utilizadas como esclavas sexuales durante años. Reconozco que más de una vez tuve la necesidad de parar y llorar a escondidas en mi habitación.

Por último, ¿cuál es el secreto de Daniel Hernández Chambers?

Tal vez sea que no he olvidado al niño que fui.

¡Gracias, Daniel!