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El aprendizaje competencial en el aula

19 enero 2021 | ENTREVISTA

El experto en aprendizaje competencial y colaborador de Edelvives Miguel Ángel Gautier nos explica los beneficios de este tipo de práctica en la formación de los alumnos y nos ofrece las claves para su desarrollo en el aula.

Miguel Ángel Gautier

Es tarea de los docentes no solo transmitir conocimientos a su alumnado, sino prepararlo para superar con éxito los retos que habrá de afrontar en el futuro. Miguel Ángel Gautier comparte con nosotros en esta entrevista su experiencia al respecto.

¿Qué es un alumno competencial?

Los alumnos competenciales son aquellos capaces de aplicar sus aprendizajes y conocimientos a los problemas que les van surgiendo. Saben contextualizar en cada momento lo que necesitan para salir airosos en todo tipo de situaciones. Se preguntan el porqué de las cosas y cuestionan aquellos elementos que no les convencen, pues son muy críticos con las injusticias sociales y en el aula. Son colaboradores y cooperativos, se ponen en el lugar de los demás y desarrollan aptitudes que les permiten realizar tareas individuales y grupales con éxito. Son autónomos, creativos y emprendedores y participan plenamente en el desarrollo de su propio aprendizaje. En definitiva, son alumnos que aprenden a adaptarse a diferentes tipos de situaciones y saben aplicar lo que conocen a cada una de ellas. Cuando no tienen soluciones, son capaces de investigar para crearse los aprendizajes necesarios que deben aplicar ante el nuevo reto. 

¿Por qué deberíamos enfocarnos en generar alumnos competenciales?

La sociedad actual es una sociedad cambiante, en la que la capacidad de adaptación será necesaria para afrontar los trabajos futuros. Un alumno competente será capaz de aplicar y modelar los aprendizajes a las necesidades y el contexto. Una persona que no aplique y adapte su conocimiento no tendrá éxito. Las soluciones grupales cada vez son más necesarias: el grupo es más fuerte que cada uno de los individuos. Debemos preparar a los alumnos para ello, identificando los puntos fuertes y las debilidades de cada uno y mejorándolos desde el grupo. Los expertos aseguran que la mayoría de los trabajos que abordarán nuestros niños aún no se han inventado. Una persona competencial se adaptará y sacará rendimiento de los nuevos desafíos que se le presenten. 

¿Qué elementos clave destacarías de este tipo de aprendizaje?

La gestión de las emociones es un aspecto que te ayuda a conocerte y a saber cómo actuar o cómo no hacerlo en una situación concreta. El aprendizaje competencial te permite aprender de los fracasos y no crecerte demasiado con los éxitos. Te enseña a controlar los diversos estados por los que pasas mientras creas tu propio aprendizaje y a gestionar las diferentes relaciones que se establecen durante el proceso, de igual a igual y con el profesorado. Por otro lado, el emprendimiento es la base para el futuro. Una de las características más importantes del aprendizaje competencial es que fomenta la necesidad de emprender y superar retos nuevos.

Jornada educativa conducida por Miguel Ángel Gautier.

Finalmente, y no por ello menos importante, este tipo de aprendizaje permite atender a la diversidad. Todos los niños participan del sistema de trabajo, cada uno desde su punto de partida, y todos aportan cosas importantes al proyecto planteado. Las tareas deben presentar un nivel de complejidad adecuado, en el que todos tengan posibilidad de éxito y necesiten para ello esforzarse, crear nuevos aprendizajes y aplicarlos a situaciones de la vida real o al contexto que les rodea.

¿Cómo podemos desarrollar en nuestra aula un trabajo competencial?


De diversas formas y dependiendo del entorno. No hay una varita mágica: lo que me sirve con un grupo, en otro no tiene éxito, o lo que funciona y es enriquecedor en mi centro educativo puede que en el de mis hijos no valga. Aun así, sí nos podemos marcar unas pautas de trabajo encaminadas a conseguirlo y a partir de ellas modelarlas a nuestro contexto, a las necesidades y características de nuestros niños. 

  • En primer lugar, emocionar a los alumnos. Sin emoción no hay aprendizaje. Para ello, se les deberán plantear retos cercanos y motivadores que deseen resolver y supongan situaciones agradables para ellos. El profesor debe conocer a su alumnado. En ocasiones serán ellos los que propongan sus situaciones de aprendizaje y otras veces lo haremos los maestros. Nuestra labor cambia, no seremos solo transmisores de conocimientos, sino que actuaremos como guías en el proceso de enseñanza/aprendizaje y tendremos que analizar sus inquietudes y acercar y programar los elementos curriculares en torno a ellas.
  • Generar en los alumnos la necesidad de aprender. Si vienen al colegio y están cinco horas escuchándonos hablar sobre contenidos que no les motivan o creen que no les sirven para nada, desconectan y no muestran el interés necesario. Ellos deben ser conscientes de por qué tienen que aprender algo y de cómo lo pueden aplicar: «Tengo que aprender a multiplicar porque necesito calcular los beneficios que obtendré con la venta de los productos del huerto». De este modo, la preocupación por saberse las tablas y el mecanismo de la realización de las multiplicaciones cambia bastante.
  • Planificar los contenidos en torno a la tarea de aprendizaje y contextualizar en ella cada una de las actividades y ejercicios que se planteen. El aprendizaje competencial requiere de todo tipo de procesos cognitivos. Es necesaria la realización y repetición de ejercicios, deberán memorizar contenidos antes de poder aplicarlos, analizarán y relacionarán aprendizajes antes de crear y evaluar lo realizado. La planificación docente de todo este proceso se hace imprescindible. 
  • Usar una variedad de metodologías. Dependiendo de cada grupo, unas serán más exitosas que otras. La forma de enseñar y de aprender es fundamental y deberá adaptarse a cada realidad. No a todos los grupos les motiva la gamificación, incluso hay alumnos que trabajan de forma cooperativa muy bien con unos compañeros y regular o mal con otros. En algunos grupos, las metodologías tradicionales sirven para iniciar su proceso de aprendizaje y lograr una posterior creación de materiales. Está claro que hay metodologías que son más exitosas que otras, pero no hay que cerrarse a ninguna. En la variedad estará la riqueza y es necesario dar con la tecla mejor para cada grupo. 
  • Mostrar los aprendizajes en los entornos más cercanos. El contagio es la mejor fórmula para que todos los docentes nos apuntemos al carro del trabajo competencial, por lo que es conveniente que la comunidad educativa conozca tanto los productos que los alumnos han elaborado, como los procesos que han llevado a cabo para obtenerlos. 
  • Evaluar el proceso. Es fundamental para el docente verificar que sus alumnos aprenden y cuánto. Y también lo es para los niños la coevaluación y autoevaluación de los procesos. La metacognición cobra una gran importancia en esta forma de trabajar: ellos comprueban lo que han evolucionado y aprendido, pero también advierten lo que tienen que mejorar o lo que modificarían del trabajo realizado. Les permitirá sacar lo bueno de los errores y sobre todo ser críticos y constructivos, que son dos valores fundamentales en estos tiempos. 

¿Qué recursos necesitamos para ofrecer a nuestros alumnos un aprendizaje competencial?

Básicamente, ganas y tiempo. Este trabajo requiere tiempo para el análisis, la planificación y la realización de los ajustes necesarios durante la ejecución. Por ello, es imprescindible la desburocratización. En la actualidad, la carga administrativa a la que se somete a los docentes perjudica mucho cualquier tipo de trabajo en el aula. 

Debemos aprovechar los recursos que nos facilite el entorno. Los conocimientos necesarios se pueden extraer de multitud de fuentes, como los libros de texto, Internet… Así que con un libro y un dispositivo móvil ya podemos empezar. A partir de ahí adaptaremos a lo que tenemos los productos y materiales a crear. Si disponemos de sala croma podemos desarrollar un proyecto que incluya edición de vídeo, pero si no la tenemos podemos trabajar en una dramatización, por ejemplo. Es decir, la falta de recursos materiales no es ningún impedimento. Cuantos más haya, más posibilidades nos ofrecen, pero no garantizarán el éxito.

En cuanto a los recursos personales, debemos servirnos lo más posible de la comunidad educativa. Cuanto más implicada esté y más colabore con el centro, más fácil se hará la realización de este tipo de trabajos. Asimismo, aprovecharemos cualquier otro recurso personal disponible en nuestro entorno. 

Finalmente, el uso de dispositivos móviles y ordenadores brinda posibilidades increíbles de búsqueda y creación de contenidos, pero no deben sustituir al lápiz y el papel, sino ser un complemento de los materiales tradicionales. 

¿Qué tenemos que cambiar en nuestras aulas para conseguirlo?

No lo llamaría cambio, sino ajuste. El aprendizaje competencial requiere atender una serie de aspectos en el aula, muchos de los cuales se llevan trabajando en los colegios desde hace tiempo. Cada docente deberá analizar su práctica con el fin de ver qué aspectos cubre ya y qué otros debe incluir. A partir de la siguiente imagen, habría que completar nuestra actividad con lo que falte. Cuantos más elementos incorporemos más competencial será nuestro trabajo.

Análisis de la práctica docente.

Antes de la llegada de la COVID-19, esos cambios se estaban produciendo en todos los colegios, sobre todo en primaria, y cada vez más en secundaria. Ahora, la distancia social, entendida como el trabajo individual, dificulta muchos aspectos fundamentales del trabajo competencial. Debemos mantener la distancia social, pero seguir colaborando y trabajando en equipo. Los alumnos tendrán que hablar más fuerte, por la mascarilla y por la distancia, pero tendrán que compartir ideas y llegar a acuerdos entre iguales. 

Además de las modificaciones que habrá que introducir en el aula a partir del análisis de la práctica docente, no nos podemos olvidar de otros aspectos que nos facilitarán la planificación del proceso de enseñanza/aprendizaje, como:

  • Poner el currículo a régimen. Es decir, seleccionar los aprendizajes imprescindibles y aprender a secuenciar los contenidos con objeto de evitar su repetición constante curso tras curso. Si preguntásemos a los alumnos qué diferencias encuentran entre distintos cursos, nos dirían que todos los años ven lo mismo, o si durante un curso se ha profundizado mucho sobre una temática, los siguientes repetirán lo ya aprendido. Es cierto que hay contenidos que se deben trabajar de forma cíclica, pero en la actualidad son demasiados y repetitivos. Eso hay que cambiarlo. 
  • Adecuar la metodología a las características y necesidades de la clase. Cada grupo es distinto. Deben priorizarse las metodologías activas, pero no serán las únicas. 
  • Aceptar el nuevo rol del docente. Ya no somos únicamente trasmisores de contenidos. Debemos desarrollar un perfil más flexible. En muchos casos necesitaremos formación para saber adecuarnos a la diversidad que iremos encontrando en una actualidad tan cambiante. 
  • Entender que los protagonistas del aprendizaje son los alumnos. No pueden venir al colegio a vernos trabajar a los docentes durante cinco horas. Son ellos los que deben trabajar, y nosotros permitirles hacerlo y marcarles las pautas.
  • Fomentar el trabajo en equipo, en la medida en que las dificultades actuales lo permitan. 
  • Trabajar un mismo centro de interés con tareas multinivel para atender las necesidades de cada uno de los alumnos o discentes. 
  • Emocionar al alumnado desde el primer día. 
  • Crear el aprendizaje desde su interés y adaptado a su contexto. Deben comprobar la necesidad de aprender. 

Miguel Ángel Gautier es licenciado en Ciencias de la Actividad Física y el Deporte y maestro de educación primaria. Actualmente, es director del CEIP Juan Alonso Rivas (Colomera, Granada). Ha ejercido en dicho centro como maestro de educación primaria y profesor de Biología, Física y Química y Educación Física en secundaria. Trabaja como colaborador externo en formación de programación, metodología y evaluación competencial en los centros del profesorado (CEP) de Andalucía. Asimismo, colabora con Edelvives en el desarrollo de metodologías activas, en la coordinación y elaboración de las unidades de planificación competencial (UDIS) para Andalucía y en la evaluación. Además, es coautor de materiales del proyecto «Mira como miras» de aprendizaje basado en proyectos de Edelvives y ponente en jornadas educativas organizadas por la editorial.

Tipo : ENTREVISTA