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Velintonia, refugio de poetas

16 junio 2020 | ENTREVISTA

Entrevistamos a Emilio Calderón y Carmen García Iglesias, autor e ilustradora de «El poeta de Velintonia», una encantadora historia para niños sobre la casa de Vicente Aleixandre en Madrid y sus insignes visitantes.

El inmueble, hoy deshabitado, no solo fue el hogar del Premio Nobel durante muchos años, sino también un espacio de encuentro de grandes figuras de la literatura.

El poeta de Velintonia


El inmueble, hoy deshabitado, no solo fue el hogar del Premio Nobel durante muchos años, sino también un espacio de encuentro de grandes figuras de la literatura.

El lector avanza por las páginas de El poeta de Velintonia de la mano de un gato callejero que una tarde se adentra en la finca y se topa con su morador. Aleixandre lo bautiza con el nombre de Verso y lo invita a vivir allí. Verso descubre complacido que su nuevo compañero es muy apreciado, pues recibe numerosas visitas de otros poetas como él. Con ellos no hay lugar para el aburrimiento. A Federico, por ejemplo, le gusta tocar el piano y recitar versos; a Miguel, comer naranjas y trepar a los árboles; y a todos, plantar poemas en el jardín. 

Las siete vidas de Verso le permiten acompañar a su amigo de ojos azulísimos hasta el fallecimiento de este en 1984. Después, presenciará con tristeza como la antaño animada casa de poetas se va deteriorando poco a poco y su jardín se puebla de maleza. Su encuentro con Vicente, un muchacho interesado por los poemas que quedaron enterrados en el jardín, le hará recobrar la esperanza sobre el futuro de Velintonia.

Emilio Calderón y Carmen García Iglesias pertenecen a la Asociación de Amigos de Vicente Aleixandre (AAVA). Conversamos con ellos sobre el brillante poeta de la generación del 27 y Premio Nobel de Literatura en 1977, y sobre los fines de la asociación.

¿Cuándo se fundó la Asociación de Amigos de Vicente Aleixandre? ¿Quiénes formáis parte de ella? ¿Qué actividades soléis desarrollar?
La AAVA se constituyó oficialmente en agosto de 2006. En 1995, José Luis Cano y Alejandro Sanz, a raíz de una noticia aparecida en la prensa sobre un pequeño incendio en el jardín de Velintonia, decidieron redactar una carta/manifiesto reclamando a las administraciones públicas la salvaguarda del histórico inmueble que firmaron numerosos poetas, escritores e intelectuales. Esos fueron los orígenes, no oficiales, de la AAVA. Originalmente, firmaban como «Comité Vicente Aleixandre». La AAVA es una asociación sin ánimo de lucro, cuyo propósito es proteger en primera instancia y convertir Velintonia, la emblemática casa de Vicente Aleixandre, en Casa de la Poesía. Sus miembros son personas particulares que reconocen el valor inmaterial de Velintonia y admiran el legado de Aleixandre. Gracias a Alejandro Sanz, presidente de la AAVA, y a la secretaria de la misma, Asunción García Iglesias, se organizan veladas culturales en el jardín de Velintonia, recitales poéticos, actuaciones musicales, etc. El propósito es el de mantener viva la llama de lo que fue Velintonia, para que la sociedad no lo olvide.

¿Qué proponéis hacer con Velintonia y cómo se encuentran las negociaciones con la Administración?
El primer objetivo de la AAVA es que Velintonia reciba la protección que merece, dada su importancia cultural. A día de hoy, lo único que está protegido es el cedro que preside el jardín de la casa, que fue plantado por el propio Aleixandre en 1940, como símbolo de renacimiento tras la guerra. Declararla Bien de Interés Cultural sería el primer paso, para luego dotarla de contenido cultural, no cualquiera, sino relacionado con la poesía, puesto que durante cincuenta años la casa ejerció de templo y refugio de la poesía española. Desgraciadamente, las negociaciones con las distintas administraciones no han dado frutos, ya sea por desinterés o por falta de miras. En ningún país del mundo la casa de un Premio Nobel de Literatura (que no sobran en España) sería menospreciada como lo ha sido y lo está siendo Velintonia. ¿Cabe imaginar que la Huerta de San Vicente de García Lorca pudiera convertirse en un edificio de apartamentos? Pues ese es el riesgo que corre Velintonia. Las administraciones siempre encuentran trabas y excusas burocráticas para no hacer nada.

¿Qué hace de Velintonia un lugar tan especial? ¿Qué circunstancias se dieron para que se constituyera en centro de reunión de poetas?
Contar lo que hace Velintonia tan especial requeriría un libro, pero como hay que ser concisos, pondremos algunos ejemplos. En Velintonia tocaba el piano Federico García Lorca. Aquí leyó por primera vez sus Sonetos del amor oscuro y estuvo a punto de hacer lo propio con La casa de Bernarda Alba. Pablo Neruda y Miguel Hernández visitaban la casa todos los domingos. Las famosas «Nanas de la cebolla» de Miguel Hernández fueron escritas en la cárcel, pero se terminaron de «cocinar» en Velintonia, pues Aleixandre se convirtió en el máximo valedor del poeta de Orihuela. Luis Cernuda, Jorge Guillén, Gerardo Diego, Manuel Altolaguirre eran también asiduos de Velintonia. Cernuda decía de Aleixandre que era un confesor de almas, y eso era debido a que era un hombre que sabía escuchar. A causa de una enfermedad renal que lo incapacitó durante mucha parte de su vida, decidió abrir su casa, donde recibía a multitud de amigos y poetas. Así las cosas, tras la guerra, la casa se convirtió en lugar de paso obligado de las nuevas generaciones de poetas, desde la de los cincuenta hasta la de los novísimos. 

¿Por qué os atrae la figura poética de Vicente Aleixandre? ¿Qué destacaríais de su vida y obra?
La calidad poética de Vicente Aleixandre es incontestable, de ahí que le fuera concedido el Premio Nobel de Literatura en 1977. Pero si era grande como poeta, sorprende aún más que fuera una persona entregada a la amistad y a la lealtad. De hecho, hay estudiosos que llaman a la generación del 27 como la generación de la amistad, y en eso tuvo mucho que ver Vicente Aleixandre.

Aleixandre es uno de los pocos autores españoles a los que se les ha concedido el Premio Nobel de Literatura. ¿Creéis que tiene, en nuestro país, el reconocimiento que merece?
No. Aleixandre no tiene el reconocimiento que merece. La razón es bien sencilla: su poesía es compleja y fértil, su cosmogonía propia, única. Desgraciadamente, nuestra sociedad es cada vez más simple, superficial y árida. El hecho de que tampoco ningún partido político pueda apropiarse de su figura va en detrimento de su reconocimiento. 


Emilio Calderón compone una fábula a partir de un lugar real, Velintonia, y de unos personajes reales que confraternizaron y compartieron allí sus inquietudes literarias. El autor y biógrafo de Vicente Aleixandre nos revela algunas claves del texto.

No todo en tu relato es imaginario, mucho de lo que cuentas sucedió realmente, ¿no es así?
Calderón:
En efecto, muchas de las anécdotas que cuento son reales. Luis Cernuda apareció enlutado en Velintonia después de la muerte de su madre. Federico García Lorca tocaba el piano de doña Elvira, la madre de Aleixandre, que era pianista. Amenizaba las veladas y, como decía un miembro de su generación (Jorge Guillén), cuando uno entraba en una habitación donde estaba Federico, no hacía ni frío ni calor, hacía Federico. Otro tanto ocurre con las naranjas de Miguel Hernández o con la carretilla de madera que este llevó hasta Velintonia cuando la casa fue destruida durante la guerra. Vicente quedó tan afectado que Miguel Hernández lo tuvo que cargar en ella. También es cierta la existencia de Sirio, el perro de Aleixandre, y su dieta a base de piñones.

¿Por qué elegiste a Verso, el gato, para articular la narración?
C.:
 Decidí articular la historia en torno a la figura de un gato porque siempre se dice que los gatos tienen siete vidas y yo necesitaba que el mío realizara un largo recorrido por la historia tanto de la vida de Aleixandre como de la casa. El gato, además, es un animal que despierta ternura entre los más pequeños.

¿Qué motivos te han llevado a contar esta historia?
C.:
 Hace ya unos cuantos años me embarqué en la aventura de escribir una biografía completa de Vicente Aleixandre. Fue entonces cuando empecé a pensar que también los niños merecían conocer tanto la casa como a su dueño, un poeta tan singular y tan importante en nuestra literatura, en nuestra historia común. Un poeta que, por encima de todo, era amigo de sus amigos y respetaba a quienes no pensaban como él.

El poeta de Velintonia está destinado a niños a partir de ocho años. ¿Qué les atraerá especialmente de este cuento?
C.:
 Los niños son receptivos a la poesía, a su musicalidad, a los juegos del lenguaje, y encima están descubriendo algo tan trascendental en sus vidas como la importancia que tiene la amistad. La figura de Vicente Aleixandre reúne ambas cosas.

Emilio Calderón

Emilio Calderón nació en Málaga en 1960. En 1984 se licenció en Historia Moderna por la Universidad Complutense de Madrid. Es autor de ensayos históricos y de obras de ficción tanto para niños y jóvenes como para adultos. En 2008 recibió el Premio de Novela Fernando Lara por El judío de Shanghai y en 2009 resultó finalista del Premio Planeta con La bailarina y el inglés. En 2016 obtuvo el II Premio Stella Maris de Biografías y Memorias por La memoria de un hombre está en sus besos, la primera biografía completa de Vicente Aleixandre. En Edelvives ha publicado El último crimen de Pompeya, una novela de intriga para lectores a partir de 14 años. 


Carmen García Iglesias

Carmen García Iglesias nació en Bilbao en 1957. Se licenció en Historia del Arte por la Universidad Complutense de Madrid y cursó estudios de dibujo publicitario en la Escuela de Artes Aplicadas y Oficios Artísticos de la capital. En 2005 recibió el Premio Destino Infantil Apel·les Mestres por su ilustración del libro Witika, hija de los leones, con texto de Blanca Álvarez. Es autora o ilustradora de numerosos libros de literatura infantil. En Edelvives ha publicado dos relatos para niños de 6 a 8 años: Aventuras de Rufo y Trufo y Rufo y Trufo cambian de casa. Tanto ella como Emilio Calderón son miembros activos de la Asociación de Amigos de Vicente Aleixandre.

El poeta de Velintonia es una obra en la que el texto y la ilustración se refuerzan mutuamente. Preguntamos a Carmen García Iglesias cómo fue el proceso artístico.

¿Cómo ha sido el reto de ilustrar la casa de Velintonia y su jardín en sus diferentes etapas?
García Iglesias:
Ha sido especialmente interesante, porque contaba con una abundante documentación fotográfica facilitada por la AAVA, de la que formo parte, y un conocimiento in situ del jardín y de la casa. Así, por ejemplo, elementos como el reloj, el lavabo o el sillón son los originales de Vicente Aleixandre. El perro Sirio está tomado de diferentes fotos y la casa que aparece en la primera ilustración es la que se destruyó durante la guerra civil. He contado con una planta y un alzado y, a partir de ahí, he construido la imagen. Así que es una forma de ver cómo era la primera casa de Aleixandre, de la que no quedan fotografías. En cuanto al estado actual, he visitado en numerosas ocasiones la casa y conozco el jardín, el exterior y el interior. Y tienen ese aire desolado pero atrayente y unos colores sugestivos para pintarlos.  

Además de Velintonia, has recreado escenas en las que aparecen Aleixandre, Cernuda, Lorca y Hernández, cuatro grandes de la literatura española, en actitudes desenfadadas. ¿Cómo te has sentido al dibujarlos?
G. I.:
 He sentido un cariño inmenso y mucha pena. He ido haciendo cada retrato sobre información fotográfica, pero al insistir tanto en sus rostros y estudiarlos, entraba en la persona que eran. Aleixandre está dibujado en diferentes edades y siempre aparece sonriente, con la dulzura de su mirada azul. Lorca toca el piano feliz, joven, inocente. Miguel Hernández es más difícil, porque estamos acostumbrados a asociar su cara a la del retrato que le hizo Buero Vallejo en la cárcel, y en las fotos es un Hernández que aún mantiene la alegría que le caracterizaba; de hecho, hay fotos en las que se ríe abiertamente. Me gustó mucho dibujarlo subido al árbol. Cernuda aparece serio, casi asustando al gato, elegante siempre. Ha sido como dibujar a unos amigos queridos y ojalá ese sentimiento se transmita a quienes lean el libro y también los quieran tanto como nosotros.

¿Por qué optaste por esa técnica y esos colores tan vivos para ilustrar el texto?
G. I.:
Prácticamente ilustro todos mis libros con acuarelas y toques de lápiz de color. Nunca utilizo el ordenador y no corrijo con ningún sistema tecnológico. Lo que se ve es lo que he pintado. En cuanto al color, he buscado unas entonaciones alegres y vivas, pero he intentado no lanzarme a colores demasiado intensos porque también en eso pretendía mantener un cierto tono «poético».

¿Qué es lo que más te ha gustado de este proyecto?
G. I.: Todo. Por lo que he dicho anteriormente, es un proyecto especialmente cercano, con un autor que conoce la historia y a sus protagonistas, pero que, además, es amigo. Es muy cómodo trabajar cuando existe la interacción autor/ilustrador. No siempre es posible pero, cuando se da esa circunstancia, el resultado mejora porque todo está más engarzado. No es que no se pueda conseguir cuando cada uno trabaja por su lado, pero es más fácil si existe esa buena relación. Por otra parte, la preparación del libro con la editorial fue extraordinariamente cuidadosa. No se trataba de que hubiera bocetos sueltos, es que el libro estaba completamente abocetado y montado, página por página, antes de comenzar el trabajo final. Cuando varias personas han estudiado dichos bocetos, nos hemos reunido y hemos valorado cada página, todo antes de empezar a ilustrar. Así es más fácil ver el conjunto y equilibrarlo.

Tipo : ENTREVISTA