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Antonio J. Ruiz Munuera revive la magia del circo con «La Troupe»

8 octubre 2020 | ENTREVISTA

La obra, ganadora del XX Premio de Literatura Juvenil Alandar 2020, sorprende al lector con una emocionante historia de aventuras en la que se aúnan un gran amor por el circo y un profundo respeto por la naturaleza.

Quebec, año 1860. La joven británica Elisabeth Copeland languidece entre los muros de la Ciudadela. Su padre, el conde de Gilmour, es el nuevo administrador colonial de esa región canadiense y gobierna con mano de hierro sobre sus habitantes.

La vida de Elisabeth transcurre monótona sin más compañía que la de un profesor y una vieja institutriz. Carece de amigos y del afecto familiar, pues su madre murió y su padre, un individuo cruel y despectivo, no muestra la menor simpatía hacia ella. Poco sospecha la joven que la llegada de La Troupe a la ciudad dará un vuelco a su existencia.

La novela de Antonio J. Ruiz Munuera es la flamante ganadora del XX Premio de Literatura Juvenil Alandar 2020 de Edelvives. El jurado, que otorgó el galardón por unanimidad, valoró la calidad de la narración y destacó su minuciosa recreación del mundo del circo y de los deslumbrantes paisajes en los que se desarrolla la acción.

Conversamos con el autor sobre qué lo llevó a escribir esta historia y cómo fue su proceso de creación.

¿Qué te inspiró para escribir esta obra? ¿Por qué elegiste ese escenario y ese momento preciso de la historia y por qué con una troupe circense como eje de la narración?
La inspiración para la historia de La Troupe llegó después de un largo viaje por el sur de Canadá. Ese escenario es especial, porque al igual que les ocurre a los protagonistas, el circo siempre ha sido importante en la parte francófona del país. Allí han nacido grandes compañías, como el Cirque du Soleil. La cultura del circo se respira en cada plaza, en cada rincón de la ciudad de Quebec. Y ese preciso momento histórico —1860— es cuando el circo, tal como había nacido, experimenta su mayor revolución. Poco después aparece el ferrocarril y, con él, las pequeñas compañías como La Troupe son engullidas por grandes empresas que se mueven por toda América. Los carromatos tradicionales, movidos por caballos, desaparecieron para siempre y, tal vez, el espíritu nómada del circo. 

Elisabeth cuenta en primera persona la aventura que la llevó a forjar su propio destino. ¿Por qué la elegiste a ella como protagonista? ¿Fue difícil ponerse en su lugar?
El que fuese ella, y no un chico o una protagonista mayor, va unido a la edad de su alter ego en la historia: Ludovic Mackenzie, el joven trapecista de La Troupe. Elisabeth está caracterizada como una chica de educación inglesa, aristócrata, que se ve enfrentada a un mundo distinto, casi salvaje, que revoluciona su forma de vida. En cuanto a lo de ponerme yo en la piel de la protagonista, no ha sido difícil. Me cuesta poco identificarme con personajes así. Encarna valores que admiro: la limpieza en su mirada, el respeto por otras culturas, la honestidad, el valor. Principios que, creo, deberíamos recuperar en la literatura juvenil. 

Tus obras anteriores se dirigen principalmente al lector adulto, sin embargo, La Troupe está destinada a jóvenes a partir de 14 años. ¿Por qué has querido escribir esta historia para ellos?
Después de algunas novelas de género negro, donde los argumentos podían llegar a ser algo sórdidos, el cuerpo me pedía cambiar de registro. Me apetecía una historia positiva, ilusionante. Y creo que eso es lo que distingue a La Troupe: es una aventura juvenil, con todos los ingredientes del género, pero con mucha luz. Una novela que deja un buen sabor de boca. 

En la obra se tratan asuntos como el respeto por la naturaleza, la lucha contra el opresor o el derecho a decidir sobre la propia vida. ¿Por qué te parece interesante desarrollar estos temas?
La naturaleza siempre ha estado presente en mi obra. Mi primera publicación ya me llevó al oeste de Estados Unidos, al magnífico parque nacional de Yosemite. También en mis novelas policiacas el tema de fondo siempre es la naturaleza. Hay quien las ha identificado como thrillers medioambientales, un subgénero poco prodigado en España. El resto de los temas de La Troupe —la rebelión ante la injusticia, la reivindicación del derecho a decidir— son consustanciales a la adolescencia. Es una época muy espiritual, en la que la lucha por la libertad es el timón de la vida. 

«El mundo era demasiado grande y la vida muy corta para repetir caminos». Estas palabras extraídas de la novela, ¿podrían servir de síntesis de lo que quieres expresar con ella?
Absolutamente. El mundo es maravilloso. Tan grande, tan rico y tan lleno de lugares y personas interesantes, que nos faltan vidas para disfrutarlo. Es el mejor tesoro que tenemos, y merece la pena tratar bien a la vida, ser valiente y darle la oportunidad de mostrarnos las maravillas que esconde. Andar hacia ella, como hacen los personajes de La Troupe. 

En la obra aportas mucha información sobre el contexto político y social de la región de Quebec en el año 1860 y su variopinta población. ¿Qué tipo de fuentes has usado para documentarte? ¿Ha sido fácil acceder a ellas?
Afortunadamente, en nuestros días es fácil acceder a las fuentes documentales. Eso no significa que sea sencillo manejarlas. En mi caso, cada novela me ha supuesto más tiempo para documentarme que para escribirla. Dedico mucho esfuerzo a esa parte de la creación, porque siempre he considerado que se debe ser fiel a los detalles, y aún más si es una novela histórica. Las referencias, la ambientación, los hechos, deben ser verosímiles. Aun siendo ficción, no se debe engañar al lector. En La Troupe, casi todo tiene una buena dosis de realidad. En ese momento, los conflictos políticos ocurrieron tal como los narro. Los emigrantes —como los balleneros vascos— fueron importantes en esa época. Y las diferentes comunidades indias, como otras muchas, fueron masacradas a favor de la civilización. Algunos de esos indios acabaron haciendo cosas tan extrañas como construir rascacielos. Esos intrépidos trabajadores que vemos en las fotos en blanco y negro levantando altísimas estructuras en Nueva York, los que almuerzan sentados sobre una viga a cientos de metros, son mohawks canadienses.

Asimismo, describes de forma minuciosa los imponentes paisajes del estuario del San Lorenzo y la península de la Gaspésie. ¿Los has visitado personalmente?
Sí. Hace poco más de un año hice un viaje en coche de 7.000 km recorriendo todo el sur de Canadá. Conocí lugares magníficos, pero la península de la Gaspésie me cautivó especialmente. Aún hoy, sigue siendo un espacio salvaje. Además, pasados 150 años del momento en el que se desarrolla La Troupe, sus habitantes conservan intacta su rebeldía ante los invasores británicos. Los canadiens, especialmente los de la Gaspésie, defienden con uñas y dientes su cultura francófona. 

Muestras una gran admiración por el espectáculo circense y por las personas que le dan vida. ¿De dónde te viene este amor por el circo?
Esa pasión me viene desde que era un renacuajo. Para mí, la llegada de un circo era tan mágica como la caída de un cometa en la plaza del pueblo. Ya de mayor, incluso estuve a punto de trabajar en uno. Mis habilidades gimnásticas no daban para tanto, pero intenté ser profesor en un circo ambulante. El Ministerio de Educación convoca plazas para educadores que viajan con la caravana del circo por todo el mundo. No lo conseguí, pero hubiera dado un brazo por pasar unos años disfrutando de esa vida nómada. La Troupe es un homenaje a mí mismo, a mis ilusiones. 


«Un sueño hecho realidad. Conseguir el Alandar es una de las cosas más bonitas que le pueden ocurrir a un escritor».


¿Te ha resultado difícil adaptar el registro al público adolescente (si es que lo has hecho)? Algunos pasajes en los que describes la violencia de Gilmour sobre la población son algo duros.
No especialmente. Considero que la literatura juvenil debe respetar algunas claves, pero tampoco es un compartimento estanco. En efecto, la violencia de la época está presente en la historia. Era un mundo convulso, y los sucesos históricos que narro dan pie a las decisiones de los protagonistas. No se puede obviar la realidad, y endulzarla tampoco creo que beneficie a los lectores. Los adolescentes, aún más que los adultos, exigen honestidad. No obstante, La Troupe no es una novela violenta, sino una historia de aventuras, un canto a la libertad.

Los jóvenes de hoy tienen a su alcance numerosos recursos de entretenimiento, lo que los convierte en consumidores exigentes. ¿Qué ingredientes has añadido a tu novela para lograr captar su atención?
Los ingredientes de La Troupe son los que siempre han atraído a los jóvenes: el inconformismo, la lucha frente a la injusticia, la utopía por un mundo mejor. Lo que tal vez la hace diferente es el contexto: un lugar y una época que no suelen aparecer en la narrativa juvenil. Y unos argumentos, los de aventuras, que se empiezan a perder a favor de conflictos actuales, de la vida cotidiana de los adolescentes. 

¿Qué ha significado para ti recibir el Premio Alandar de Edelvives?
Un sueño hecho realidad. Conseguir el Alandar es una de las cosas más bonitas que le pueden ocurrir a un escritor. Me entusiasma especialmente una consecuencia de este reconocimiento: la posibilidad de que mi literatura llegue a miles de lectores jóvenes. De influir en su forma de mirar el mundo. No hay mejor premio.

¿Repetirás la experiencia de escribir para el público adolescente?
Sin duda. En mi cabeza ya resuena la siguiente historia, con nuevos protagonistas empujando por encontrar su sitio. Estoy en ese momento en el los personajes te parecen hablar. Cuando te dejas llevar por sus vidas de ficción y, de pronto, todo cobra forma. Cuando te seduce la magia de escribir. Todo un lujo. Soy una persona muy afortunada.

Antonio J. Ruiz Munuera

Antonio J. Ruiz Munuera nació en Lorca (Murcia) en 1966. Atleta, ciclista y escalador, se licenció en Ciencias de la Actividad Física y el Deporte por la Universidad de Valencia, lo que lo llevó a ser profesor de Educación Física de secundaria. En 2014 fue finalista del Premio Desnivel de Literatura de Montaña y Aventura con La luz de Yosemite (Desnivel, 2015), que también resultó finalista del Premio Setenil 2015 al mejor libro de relatos publicados en España. En 2016 se alzó con el XX Premio Nostromo de Barcelona con un thriller medioambiental: Ojo de pez (Juventud, 2016). Un tiempo después vio la luz La ira del insecto (Estvdio, 2019), ganadora del XXII Premio de Novela Corta José María de Pereda. Su obra más reciente es Mortales, 21 relatos de viaje al otro barrio (Murcialibro, 2020). 

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