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Una historia real inolvidable

22 mayo 2020

Este año se conmemoran los 75 años de la muerte de Ana Frank y del cierre de algunos campos de exterminio, como Auschwitz. Edelvives propone la lectura de dos libros que nos darán una visión de lo que ocurrió.

Holocausto es el nombre con el que se designa al exterminio sistemático de judíos y de personas de otros colectivos que perpetró el régimen de la Alemania nazi. Lo que sucedió es difícil de creer. Edelvives lanza dos publicaciones para ayudar a los jóvenes a imaginar lo inimaginable: La vida de Ana Frank (dirigida a lectores a partir de 10 años) y En algún lugar todavía brilla el sol (para lectores a partir de 12 años).

La vida de Ana Frank, de Kay Woodward, es un libro informativo que narra la historia de la joven universalmente conocida por el diario que escribió en la clandestinidad. Se detiene, especialmente, en la etapa en que la familia Frank se mantuvo escondida en la Casa de atrás para evitar ser capturados por los nazis. Durante dos años, los cuatro miembros de la familia se ocultaron junto con otras cuatro personas en un pequeño espacio de la parte trasera del edificio donde antes trabajaba el padre de Ana. 

Al igual que todos los libros del proyecto Ideaka, se trata de un volumen elaborado con esmero que aporta abundante información gráfica y textual sobre la materia. Así, a la vez que nos detalla el día a día en la Casa de atrás, vamos conociendo las circunstancias históricas que forzaron a la familia a enclaustrarse: la llegada de Hitler al poder, el auge del nazismo, la persecución de los judíos y su envío masivo a campos de concentración.

El libro se ha editado en colaboración con la Casa de Ana Frank, en Ámsterdam. El edificio en el que se ocultó la familia Frank en la calle Prinsengracht 263 es hoy un museo dedicado a la memoria de la joven. Gracias a esta colaboración, se ofrecen numerosos datos y fotografías de la Casa de atrás y de los objetos que acompañaron a Ana en su escondite. 

El volumen se presenta dentro de una caja que contiene, además, una carpeta con documentos relacionados con la vida de Ana. Entre ellos encontramos, por ejemplo, la reproducción de un cartel, de una revista de cine o de una cartilla de racionamiento. También se incluyen algunas fichas en las que se invita al lector a compartir las aficiones y sueños de la muchacha.

Michael Gruenbaum, Misha, era un niño de ocho años cuando los alemanes invadieron su ciudad, Praga (entonces capital de Checoslovaquia, ahora de la República Checa). Su padre era un prestigioso abogado y la vida familiar transcurría con placidez y normalidad hasta que todo cambió de forma incomprensible. Al igual que el resto de sus vecinos judíos, primero fueron privados de sus derechos y, después, confinados en un gueto. Más tarde, el padre fue detenido y asesinado y al resto de la familia la enviaron al campo de concentración de Terezín. De Terezín solo se salía para ir a un lugar aún más atroz: un campo de exterminio. La madre de Gruenbaum logró evitar en varias ocasiones que los enviaran a Auschwitz, donde con toda seguridad habrían sido aniquilados. Pese a todas las penalidades sufridas durante los dos años y medio que estuvieron en Terezín, tanto Gruenbaum como su madre y su hermana consiguieron llegar con vida al día de la liberación.

Muchos años después, ya fallecida su madre, Michael Gruenbaum se decidió a publicar su historia. Con ayuda del escritor Todd Hasak-Lowy, recupera los recuerdos de aquellos años en la conmovedora novela En algún lugar todavía brilla el sol, magistralmente traducida por María Alonso Seisdedos. Gruenbaum dedica el libro al millón y medio de niños judíos que fueron asesinados durante el Holocausto, y en particular a los Nešarim (las Águilas). Los Nešarim eran los chicos que se alojaban en la Sala Siete, el dormitorio al que Misha fue asignado al llegar a Terezín. Solo unos pocos sobrevivieron.

El relato de aquella vivencia es muy duro; sin embargo, Gruenbaum y Hasak-Lowy se las ingenian para contarlo con extrema delicadeza. Es un acierto que el narrador sea el propio Misha de entonces. Su mirada inocente nos allana el tránsito por una experiencia vital que ninguna persona debería sufrir jamás. Con el lenguaje propio de un muchacho, Misha nos hace partícipes de las deplorables condiciones de vida que padecieron, del hambre, el frío, el hacinamiento, el trabajo esclavo... Pero también nos habla de la amistad, el compañerismo y el espíritu de equipo que se forjó entre los chicos de la Sala Siete. Para fortuna del lector, Misha y sus amigos consiguen sacarle algo de alegría a la miseria que los rodea. Inexplicablemente, los nazis les permiten organizar partidos de fútbol u obras de teatro, lo que alivia durante algunas horas su sufrimiento.

Al bienestar psicológico de Misha y sus compañeros contribuye, extraordinariamente, el joven Franta. Con apenas 20 años, es el responsable del cuidado y formación de los Nešarim, que llegaron a ser ochenta a lo largo de los años de funcionamiento del campo de Terezín. Estricto, pero cariñoso, se esfuerza cada día por facilitarles la vida en la medida de lo posible y por hacer de ellos mejores personas. Franta les enseña el valor de la comunidad, porque solo estando unidos resistirán. 

En algún lugar todavía brilla el sol es un relato inolvidable que remueve por dentro y atrapa al lector desde el comienzo. Incluye fotografías y documentación original de la familia Gruenbaum, como el libro de recuerdos de Misha o las notificaciones de deportación a Auschwitz. Constituye, sin duda, un instrumento excepcional para dar a conocer a los adolescentes la sinrazón del holocausto nazi.

Millones de judíos fueron asesinados por el régimen instaurado por Adolf Hitler. También lo fueron millones de personas de otras minorías a las que consideraban Untermenschen (subhumanos) por su origen étnico, sus creencias o su orientación sexual. Ahora nos cuesta imaginar aquella barbarie, pero no debemos olvidarla ni permitir que se desfigure o justifique. Solo conociendo la verdad del pasado sabremos comprender el presente y afrontar el futuro.