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Elisa en el corazón del laberinto

11 diciembre 2017

Sébastien Perez y Ana Juan se unen en un álbum para jóvenes y adultos. Juntos ahondan en un complejo drama que busca una solución entre la realidad y los sueños.

Elisa es joven. Elisa va a casarse con un hombre mayor. Elisa llora, el día de su boda, la muerte de su abuela. Estas son las premisas que desarrollarán una historia con múltiples caminos y una única salida. 

En el laberinto hay personajes extraños como un bailarín de cuatro piernas, un gato que crece o disminuye a voluntad y un panadero obligado por las costuras de su boca a sonreír. También, una cantante de ópera que se acercará a Elisa con el solo propósito de conseguir su sangre. Cada uno tiene un papel en un universo oscuro y denso, en el que cuesta saber qué dirección seguir. 

Elisa bebe de historias clásicas como Alicia en el país de las maravillas, personajes históricos y legendarios como la condesa Érzebet Bathory y recursos propios de la literatura fantástica como el uso de los sueños para pasar a otra dimensión. Todos se unen bajo el laberinto con una clara intención: ofrecer una metáfora intensa y convincente del universo emocional de la protagonista. El sin sentido que reina bajo la lógica de las decisiones familiares, la sensación de la juventud robada a través de la vitalidad que representa la sangre para conservarse joven y bella, la experiencia de la felicidad como una imposición heredada nacida de la tradición. 

Las magníficas ilustraciones de Ana Juan crean un ambiente sórdido que nos conduce por los enrevesados senderos que conforman el corazón de Elisa. El lápiz llora con sus trazos sobre el destino de la protagonista, en la que el color apenas se anima a aparecer.

¿Cuento realista o fantástico? Esta es la primera decisión que debemos tomar al finalizar la lectura. La segunda: ¿Elisa está en el corazón del laberinto o es el laberinto el que está en el corazón? Sea cual fuera la respuesta es necesario entrar en las páginas del álbum y recorrerlas una y otra vez, una y otra vez, sabiendo que aunque haya una sola salida, podría existir, como en toda lectura, más de un final.