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Motivación & Aprendizaje

12 febrero 2019

En este momento ya nadie lo duda. La motivación es un factor crítico en el proceso de aprendizaje y también una cuestión que nos preocupa especialmente a los maestros.

Chema Lázaro
Cofundador de NIUCO educación

Continuamente, nos hacemos preguntas del estilo: ¿Cómo podemos motivar más a nuestros alumnos? ¿Por qué están desmotivados? ¿Qué debemos hacer para que quieran aprender? Sabemos que no existen soluciones únicas a todos los problemas educativos, pero lo que no podemos negar es que la neuroeducación nos está suministrando evidencias empíricas que pueden optimizar los procesos de enseñanza y aprendizaje. En concreto, ya conocemos información relevante sobre el funcionamiento del cerebro que nos permite analizar mejor qué nos impulsa a actuar de determinadas maneras, más allá de los premios y castigos. Son estas cuestiones que tienen tantas repercusiones educativas las que queremos compartir con todos vosotros en el siguiente artículo.

¿Qué ocurre en nuestro cerebro?
Nuestro cerebro está bombardeado continuamente por una cantidad inmensa de estímulos. ¿Os imagináis qué sucedería si registráramos todos los sucesos externos? Sería un caos tremendo.

Afortunadamente, disponemos de los filtros sensoriales adecuados que nos permiten seleccionar y procesar solo la información relevante. Y eso se debe a la capacidad extraordinaria que tiene nuestro cerebro para hacer predicciones continuas sobre lo que sucede a nuestro alrededor.

Si ocurre algo previsto —que es lo normal—, actuamos de forma inconsciente y se interpreta lo sucedido como algo poco importante, por lo que no será necesario almacenar esa información. Pero cuando el resultado de nuestra acción mejora la predicción, aparecen en el cerebro una serie de señales que nos permiten aprender lo que ha sucedido. Estas señales se producen en el llamado sistema de recompensa cerebral en el que interviene la dopamina, un neurotransmisor ligado a la curiosidad y a la búsqueda de lo novedoso.

Este mecanismo de acción, solamente asociado a las experiencias positivas, es el que nos motiva y posibilita que podamos aprender durante toda la vida. Porque cuando se incrementa lo novedoso, lo diferente, lo que, en definitiva, suscita una mayor curiosidad, aumenta la activación de regiones cerebrales cuyas neuronas sintetizan dopamina. Un sistema en continuo funcionamiento desde el nacimiento que ha garantizado nuestra supervivencia. Por lo tanto, más que preguntarnos sobre cómo motivar a nuestro alumnado, deberíamos plantearnos por qué muchos alumnos están frecuentemente tan desmotivados.

Chema Lázaro

Chema Lázaro es maestro y tiene un Máster en Neurodidáctica (URJC). Fue ganador del Premio Nacional de Educación en 2013.

Es, además, co-fundador de NIUCO educación, empresa del sector de la educación que apuesta por un cambio metodológico basado en los avances de la ciencia en el campo de la educación, neurodidáctica; a través de estos descubrimientos diseñamos nuevos escenarios de aprendizaje donde potenciar toda la neurofuncionalidad de nuestro cerebro.


Creador del blog Pizarras Abiertas. 



«Para aprender son imprescindibles dos aspectos, "poder" hacerlo y "querer" hacerlo».


Motivación & Cognición
Actualmente se están llevando a cabo estudios desde el ámbito del aprendizaje para entender cómo influyen la motivación y la cognición en el proceso de aprendizaje. A la luz de las investigaciones podría afirmarse que «el aprendizaje se caracteriza por ser un proceso cognitivo y motivacional a la vez» (G. Cabanach et al., 1996), es decir, para aprender son imprescindibles dos aspectos, «poder» hacerlo y «querer» hacerlo. Dentro del «poder hacerlo» encontramos que son necesarios un conjunto de componentes cognitivos: capacidades, conocimientos, estrategias y destrezas; mientras que con el «querer hacerlo» nos referimos a tener la disposición, la intención y la motivación suficientes para aprender (Núñez y González- Pumariega, 1996). 

Dicho de otro modo, para aprender es necesario tener tanto «habilidad» como «voluntad» (Paris Lipson y Wixson, 1983; Pintrich, 1989; Pintrich y De Groot, 1990), por lo que de cara a trabajar sobre el rendimiento académico de los estudiantes y su mejora, es necesario tener en cuenta los aspectos cognitivos y los motivacionales.

Dentro de las principales teorías que analizan la motivación destacan tres aspectos que afectan a la motivación escolar: los patrones de atribución causal, el autoconcepto y las metas de aprendizaje.
Los patrones de atribución causal son las pautas que sigue el estudiante sobre las causas que han determinado sus resultados y que, en gran medida, son dos:
• Las consecuencias afectivo-emocionales que se derivan de la realización de una tarea.
• El éxito o el fracaso que ha obtenido en dicha realización.

El autoconcepto en el contexto educativo es el resultado de un proceso de análisis, valoración e integración de la información derivada de la propia experiencia y del feedback de compañeros, familia y profesorado, de modo que el rendimiento del estudiante no va a depender tanto de su capacidad real como de la capacidad que cree o percibe que tiene. 

Diversas investigaciones han demostrado la correlación significativa que existe entre autoestima y el locus de control (la concepción que una persona tiene sobre si el resultado del esfuerzo que realiza es consecuencia o no de su conducta). Los sujetos con baja autoestima suelen atribuir sus éxitos a factores externos e incontrolables como el azar, y sus fracasos a factores internos estables e incontrolables, como una baja capacidad. Por el contrario, los sujetos con alta autoestima suelen atribuir sus éxitos a factores internos y estables como la capacidad, o a factores internos, inestables y controlables como el esfuerzo; mientras que atribuyen sus fracasos a factores internos y controlables como la falta de esfuerzo.

Atendiendo a este esquema, podemos deducir que en la medida en que desarrollemos la autoestima de los alumnos también mejoraremos su percepción sobre las causas del resultado.

Las metas de aprendizaje, los deseos de aprender que mueven a cada estudiante, pueden ser internos o externos. Entre los internos encontramos la curiosidad, la preferencia por el reto, el deseo de saber o el mero interés por aprender; mientras que entre los deseos externos podemos encontrar la obtención de notas, las recompensas, los juicios positivos, la aprobación de padres y profesores, o la evitación de las valoraciones negativas.

En consecuencia, estos factores y su interrelación determinarán en gran medida la motivación escolar, y para entender y explicar el rendimiento de un alumno será necesario tener en cuenta tanto sus capacidades reales como la capacidad creída o percibida por él a la hora de realizar las diferentes tareas escolares.

Variables contextuales de la motivación
Dentro del estudio de la motivación del alumno en el entorno escolar hay que señalar la influencia de diferentes factores de su entorno sobre el desarrollo del autoconcepto del alumno, sobre las metas de aprendizaje que adopte, las atribuciones causales que establezca, o las emociones que experimente en el aula.

Entre los factores contextuales más relevantes en relación al desarrollo y mantenimiento del autoconcepto encontramos: el profesor y los iguales.

• El profesor es la figura fundamental en la formación, el desarrollo y cambio del autoconcepto académico y social del estudiante, y la persona más influyente dentro del aula puesto que el alumno valora mucho sus opiniones y el trato que de él recibe. Así, un alumno a quien se le escucha, se le respeta y se le anima ante el fracaso está recibiendo mensajes positivos para su autoestima, mientras que si es ridiculizado ante sus compañeros, recibe continuas críticas del profesor por sus fracasos, o cuya autonomía e iniciativa se anula sistemáticamente, está recibiendo mensajes negativos para su autoestima.
Los iguales juegan un papel muy importante ya que favorecen el aprendizaje de destrezas sociales o la autonomía e independencia respecto del adulto y ofrecen un contexto rico en interacciones, gracias al cual, el alumno recibe gran cantidad de información que le servirá de referencia para desarrollar, mantener o modificar su autoconcepto, tanto en su dimensión académica como social. Por ejemplo, la valoración que el sujeto hace de su propia competencia académica, su autoeficacia, está en función de los resultados escolares que obtiene y del resultado del proceso de compararse con sus compañeros, lo que determinará sus expectativas de logro y su motivación.

En relación a las metas de aprendizaje que los alumnos adoptan, van a depender tanto de los aspectos personales como de los situacionales (Dweck y Leggett, 1988). Ames (1992) agrupa las variables situacionales que influyen en las metas que persiguen los alumnos en tres dimensiones: el diseño de tareas y actividades de aprendizaje, las prácticas de evaluación y la utilización de recompensas y la distribución de la autoridad o de la responsabilidad en la clase.

Como la organización y la estructuración de la enseñanza es responsabilidad exclusiva del profesor, se deduce que es este el que con su actuación instruccional determinará el que los estudiantes adopten un tipo de metas u otras. 

En cuanto a las reacciones emocionales de los estudiantes ante la tarea, vienen determinadas, fundamentalmente, por las características propias de la tarea y, en particular, por el contenido de la misma y la estrategia metodológica diseñada por el profesor para su realización.
En ese sentido, para que los alumnos se sientan motivados para aprender unos contenidos de forma significativa, es necesario que puedan atribuir sentido y utilidad a aquello que se les propone. Eso depende de diversos factores:
• Personales, como el autoconcepto, las creencias, las actitudes, sus expectativas, etc.
• Cómo se les presente la situación de aprendizaje, lo atractiva e interesante que les resulte para implicarse activamente.
• La novedad o la repetición de los contenidos que deben aprender.


«Cuando el estudiante disfruta realizando la tarea se genera una motivación intrínseca y pueden aflorar una variedad de emociones positivas placenteras que favorecen el aprendizaje».


Desde la concepción constructivista del aprendizaje, y en contraposición al aprendizaje mecánico o memorístico, se asume que el aprendizaje significativo es, en sí mismo, motivador porque el alumno disfruta realizando la tarea o trabajando esos nuevos contenidos pues entiende lo que se le enseña y le encuentra sentido. Cuando el estudiante disfruta realizando la tarea se genera una motivación intrínseca y pueden aflorar una variedad de emociones positivas placenteras que favorecen el aprendizaje.

Conclusiones

Nos encontramos sin duda ante uno de los grandes retos de la escuela actual; los diferentes estudios en el campo de las neurociencias nos han evidenciado la maleabilidad de la inteligencia; ahora sabemos que todos los alumnos pueden, entonces nuestro reto es hacer que todos nuestros alumnos quieran aprender.

Para ello, debemos manejar un importante abanico de variables que afectan al deseo de aprender. Sabemos algunas estrategias que a nuestro cerebro le encantan, como suscitar la curiosidad, la sorpresa, la admiración... pero, además, debemos de conocer su funcionamiento, saber que todo comienzo de aprendizaje debe provocar un deseo, implicar al alumnado de forma directa en su proceso de aprendizaje y, también, cosechar éxito en la tarea para poder hacer conexiones en los cerebros de nuestros alumnos entre el aprendizaje y el placer por aprender para que lo mantengan toda su vida.