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«Aurora o nunca»: diez autores en escena

3 mayo 2018

La noche del jueves 3 de mayo Edelvives sorprendió con la presentación de «Aurora o nunca», un texto particular dirigido al público juvenil. La Sala Cubo del Museo ABC fue el lugar elegido para tal evento.

De izquierda a derecha: Miguel Huertas, Gonzalo Moure, Rosa Huertas, Jesús Díez de Palma, Jorge Gómez Soto, Mónica Rodríguez, David Fernández Sifres, Ana Alcolea, Alfredo Gómez Cerdá, Daniel Hernández Chambers, Paloma González  y, el editor de la obra, Jorge Gómez.

Se trata de la obra escrita por las expertas manos de Ana Alcolea, Jesús Díez de Palma, David Fernández Sifres, Alfredo Gómez Cerdá, Jorge Gómez Soto, Paloma González, Daniel Hernández Chambers, Rosa Huertas, Gonzalo Moure y Mónica Rodríguez, un texto que no dejará a nadie indiferente.

Pocos minutos después de las ocho, con un fondo con la imagen de la obra Aurora o nunca, un suave sonido ambiental en el que se intuían olas y gaviotas, casi olía a mar. Se hizo el silencio y, sobre él, los graznidos dieron paso a la voz de David:

«En Aurora, el tiempo no transcurre, sino que se derrite como la cera de las velas y los goterones se quedan impresos aquí y allá, y de esta forma es imposible atar cabos de nada».


«En Aurora, el tiempo no transcurre, sino que se derrite como la cera de las velas»


Daniel apareció en escena a la vez que el sonido de los graznidos daba paso a la melodía de Chopen, Etude Op10 n.º 6, interpretada por el virtuoso pianista Miguel Huertas. El espectador se quedó seducido en por la primera parte de la representación: Aurora.

Con la entrada de Mónica comenzó la segunda parte: Livjatan, la tenebrosa leyenda, asociada a sucesos trágicos, que marcó al pueblo. Tormenta, campanas, un trueno y el crujido de un barco que golpea las piedras fueron el preludio de una atmósfera misteriosa en la que irrumpió leyendo Jorge.

La tercera parte, donde reinaron los habitantes de Aurora, vino de la mano de Rosa, Paloma y Alfredo. Sus lecturas se alternaron con las notas del piano y la proyección de textos. 

Solo quedaba la última fracción del espectáculo centrada en el visitante. Había llegado el turno de Jesús, Ana y Gonzalo. Fue en ese momento cuando el pianista tomó el protagonismo, ya no solo deleitaba con las notas que emergían de sus teclas, también respondió a las preguntas de Jesús con el que mantuvo un diálogo.

El punto final lo puso Daniel:

«Todas las historias necesitan de un lugar, real o imaginario, para acontecer. Lo que ocurrió en Aurora, creado de la nada por 10 mentes, cruzó la frontera de lo imaginario para devenir en un espacio real. Como cualquier otra ciudad del mundo, la memoria de Aurora soporta una historia turbulenta. Hoy en día, nadie en su sano juicio sería capaz de poner en duda la existencia de un lugar del que tantas personas conocen sus secretos y recovecos».

Rosa Luengo, directora de creación editorial.

Rosa Luengo con todos los autores.

Lectura de textos y música exquisita agradecidos con intensos aplausos dieron la bienvenida a la directora del departamento de creación editorial de Edelvives, Rosa Luengo, quien comenzó una charla distendida con los autores. Fue entonces cuando, ya más relajados, los autores se rebotaron las preguntas en un intento de ajustarse lo máximo posible a la sucesión de hechos que dieron lugar a Aurora. Daniel, el precursor de la idea, quitó importancia a ese hecho ya que lo que en su opinión importa es el trabajo que han realizado después. Explicó que el proyecto surgió «no solo por el deseo de escribir entre todos, sino por la necesidad de tener un lugar, un universo particular al que volver».

Destacaron que la relación de amistad había sido clave en este proceso y el éxito de la consecución del mismo se debía a la ausencia de «ego y vanidad» en ellos. Se dieron libertad «para crear y para criticar», era una obra de todos y todos podían opinar sobre lo suyo y sobre lo de los demás.

Rosa Luengo envió desde el escenario un saludo a Raúl Vacas, a quien los «aurorianos», como ya han acordado llamarse, deben el nombre de su obra. La directora de creación, muy interesada en el proceso de trabajo, les preguntó sobre la unificación del mismo para que este no pareciera un cúmulo de capítulos. A esta pregunta contestó Alfredo Gómez Cerdá atribuyendo este trabajo a Paloma González que, además de escribir, realizó una primera edición del texto más tarde concluido por el editor de Edelvives Jorge Gómez.

Finalizaron abriendo una botella de vino con la que todos ellos brindaron por Aurora o nunca. Ahora ya solo falta esperar si llegará un «Aurora o siempre».

Edelvives volvió a brillar en una noche de diez estrellas donde la literatura alcanzó su máximo esplendor.