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Entrevista a Fred Bernard y François Roca, autores de «Anya y Tigre Blanco»

23 enero 2018 | ENTREVISTA

Los autores se reunieron para hablar de «Anya y Tigre Blanco», un hermoso y sugerente álbum invernal, pero la puerta quedó abierta para indagar en su holgada trayectoria dentro de la literatura infantil y juvenil.

Fred Bernard y François Roca conforman una de las parejas artísticas más antiguas y consolidadas de la literatura infantil. Hace poco, recibieron El Premio de La Orden de las Artes y las Letras, una de las distinciones más importantes del gobierno francés. Sus historias se sitúan en diferentes lugares del mundo, un fiel reflejo de su pasión por los viajes y las lecturas de su infancia. De forma reciente, en Edelvives han publicado Anya y Tigre Blanco, un álbum que nos brinda la excusa para conocer mejor sus universos artísticos y personales. 

Pregunta: Llevan más de 20 años colaborando juntos. ¿Cuál es el secreto para permanecer unidos?
Fred Bernard: Lo que no hay que hacer en ningún caso es formularse esta pregunta, porque ¡todo podría venirse abajo! (Es broma). Si hay un secreto, tal vez sea el hecho de que también trabajamos cada uno por su lado, y no siempre y exclusivamente en tándem. Pero los libros que hacemos él y yo juntos tienen algo especial que nos encanta, nos conmueve y va más allá de nosotros mismos. Sin duda, eso explica que tres de ellos hayan ganado el premio Goncourt Jeunesse. Entre ellos está nuestro libro favorito, Jesús Betz, que nos permitió apartarnos de algunos códigos tradicionales del denominado «libro para niños». En realidad, muchas veces estamos más cerca de los cuentos antiguos o de los folletines populares del siglo xix que de los libros juveniles contemporáneos. Elegimos una temática que nos gustaba cuando éramos pequeños, y que nos sigue y nos seguirá interesando; a veces también desvirtuamos los «clásicos», con el mayor de los respetos. Historias de piratas, ogros, indios, caballeros, animales... Nuestras historias gustan tanto a los pequeños como a los mayores, gracias a las imágenes de François.

¿Cómo es vuestro proceso de trabajo? 
FB: Si lo desea, François puede y debe hacer observaciones sobre el texto. Y yo hago lo mismo con las decisiones que va tomando en cuanto al aspecto gráfico mientras va dibujando las ilustraciones. El equilibrio del conjunto del relato depende mucho de esta complicidad y este respeto por el trabajo del otro. El texto queda modificado en función de la imagen de principio a fin. François dibuja lo que el texto calla. La imagen y las palabras deben responderse, apoyarse, pueden oponerse, a veces, de forma deliberada, ofrecer silencios, misterios, pero nunca resultar redundantes o decir demasiado. 

Fred, ¿qué autores consideras que han marcado tu tipo de narrativa?
FB: Me han influido sobre todo las novelas de aventuras que leí en la infancia y la adolescencia. Los escritores de viajes me inculcaron el gusto por la lectura y, de paso, por los viajes, aunque entre ellos hay pocos autores franceses aparte de Julio Verne y Romain Gary. Siempre me ha gustado leer relatos que me sacaran de mi día a día, de mi época y de mi país. Grandes escritores como Robert L. Stevenson, Herman Melville, Jack London, Gabriel García Márquez, Ernest Hemingway, Italo Calvino o Luis Sepúlveda me insuflaron ganas de contar historias. Por otra parte, los cómics son igual de importantes para mí: Hergé y Tintín, Hugo Pratt y Corto Maltese, Franquin y Spirou… Si bien es cierto que los grandes libros me dieron ganas de escribir, los malos también, porque ellos me infundieron el valor para lanzarme yo también. Las obras maestras nos encandilan, pero también nos dejan abrumados; en cambio, los libros fallidos nos dicen: «¿Por qué no yo?».

François, ¿cuáles son tus referentes artísticos?
François Roca: Me inspiro sobre todo en la pintura clásica que se expone en los museos. Mi período preferido se sitúa a finales del siglo xix y principios del xx, con los prerrafaelitas, el realismo social, los impresionistas, el art nouveau... Pero también la «edad de oro» de la ilustración americana, en ese mismo período. Además de esto, todas las películas que vi de pequeño en la televisión, al igual que Fred, conforman una cultura común importantísima.

¿Buscáis las historias o las historias os encuentran?
FB: Mis abuelos, mi padre y mi madre siempre me han contado relatos, tanto familiares como históricos. Muchas veces nuestras historias son historias de transmisión o de amistad. Los temas que abordamos François y yo son clásicos, pero pongo mucho de mí en las historias. Primero, para creer en ellas yo también… Los personajes sienten emociones que yo he sentido, pero no siempre en las mismas situaciones. A veces también me hago una pregunta: ¿cómo será eso de vivir en soledad, o con unos padres que no te hacen caso? (Como ocurre en Anya) o ¿Cómo se vive sin brazos ni piernas? (Jesús Betz). Por ejemplo, esta historia la escribí por culpa de un accidente que me dejó inmóvil durante varios meses, a los 23 años.

Al pensar y hacer un libro siempre aparece algún desafío. ¿A cuál os enfrentasteis al escribir e ilustrar Anya y Tigre Blanco?
FB: La dificultad de este relato es su duración en el tiempo: contar la vida de Anya desde su nacimiento hasta los 13 años en 15 páginas. Veo nuestros álbumes como si fueran bonsáis. Casi siempre son grandes relatos, incluso epopeyas que podrían narrarse en novelas de 200 páginas. Hay que conectar con los personajes muy rápido. También hay que condensar la narración al máximo, retorcer, cortar, podar… Gracias a las ilustraciones de François no hacen falta muchas descripciones. Para lograrlo, me ha ayudado mucho el hecho de haber escrito muchos poemas entre los 15 y los 25 años, eligiendo y sopesando cada palabra. En Anya, el narrador es el Tiempo. El Tiempo puede conocer toda la historia y tiene una visión de conjunto del relato. Otra dificultad era el hecho de que los niños de una misma generación desaparezcan uno a uno, mientras que Anya se salva; no resultaba fácil explicar eso con palabras sencillas. El otro desafío era para François, porque todo transcurre en la nieve y el frío. El hecho de que todo fuera blanco o azul me daba un poco de miedo al principio, pero François parecía tenerlo bastante claro. ¿Verdad, François?

FR: Sí, para mí este sería como el álbum de mi período azul... Al principio, cuando enseñé mis primeros dibujos, la primera reacción fue: «Pero no será todo azul...». ¡Pues sí! Es una decisión que tomé con el álbum, muy marcada, y que lo hace tan singular respecto de todo lo que he hecho hasta ahora. Me lo imaginaba así, y siempre intento hacer caso de mi intuición pese a las diversas opiniones que pueda recibir y que ponen en duda el fundamento de lo que esté haciendo. Es un equilibrio bastante difícil de mantener, pues hay que saber escuchar las opiniones que no coinciden con nosotros.

La personalidad de Anya, el lugar en el que se desarrolla y la propia historia parecen tener huellas de la mitología nórdica. ¿Os habéis basado en algún personaje o leyenda en concreto?
FB: Así es. Hay que buscar las influencias en las sagas escandinavas. Anya nunca abandona su actitud combativa, como una gran guerrera vikinga (o como Juana de Arco...). Nuestra bruja ciega no es la «Baba Yagá» de las leyendas rusas, pero, al igual que ella, rapta a los niños… Sin embargo, en el caso de Anya, pensé sobre todo en los soldados romanos que habían recibido la orden de raptar y matar a los recién nacidos que encontraran a su paso cuando intentaban hacer desaparecer a Jesús de niño…Tenía en mente la idea de una predicción que se cumpliera solo porque los personajes intentan, precisamente, luchar contra ella. Por último, también tenía la idea de animales cercanos a los hombres, gigantescos y completamente blancos, como los que hay en el Ártico. Estaba deseando ver cómo los pintaba François. Él pensaba más bien en la serie Juego de tronos. Yo no la había visto aún cuando escribí la historia de Anya.

François, ¿Anya tiene huella de alguna obra o artista en particular?
FB: En realidad, la idea de un cuento nórdico o eslavo se me ocurrió después de viajar un invierno a Minsk, en Bielorrusia. Hacía -20°C y la nieve lo cubría todo. El trayecto entre la ciudad y el aeropuerto, a través de los bosques blancos y cubiertos de escarcha, era mágico. Me fui de allí con la idea de hacer un libro que reflejara este ambiente, algo que nunca habíamos hecho. Luego vi la serie Juego de tronos y su «winter is coming», y era exactamente la misma ambientación que yo me imaginaba, y, además, con el personaje de Daenarys... 

¿Qué es lo que más os gusta del libro, tanto a nivel gráfico como literario?
FB: El ambiente gélido que rodea a Anya, que, en cambio, es un hervidero de vida y ardor. Nos apetecía dejar borroso el pasado de la bruja mala y los motivos que la impulsaban. François estaba frustrado porque no la había dibujado mucho en este álbum, y, por eso, después pensamos en contar su vida. ¿Cómo había llegado la bruja hasta ahí? Dos años después hicimos La maldición del anillo de oro, gracias a esta elipsis en la historia de Anya. Por último, lo que más me gusta es que en esta historia sean Anya y los jóvenes quienes salven el mundo. Que la joven sea la más fuerte, dirija la batalla y salga victoriosa al final.

FR: A mí lo que más me gusta es el tigre. Me encanta dibujarlos. ¡Y no será la última vez!

Tipo : ENTREVISTA